lunes, 10 de julio de 2017

Hasta en la sopa: Gloria Fuertes, poeta de la EGB (y de la TVE)


Dicen que el blanco es el nuevo negro (¿o era al revés?), que la quinoa es el nuevo trigo y que el poliamor es el nuevo amor verdadero. Dicen también que quien no tiene instagram no existe, que no hace tanto frío como antes (aunque sí más calor, a la vista está) y que los alumnos que pueblan las aulas son cada vez peores.
Dicen incluso que los cuarenta son los nuevos veinte (¿o los treinta?) y que los sesenta son los nuevos cuarenta, y la verdad es que no sé muy bien qué pensar al respecto, porque tengo poco más de cuarenta años y apenas recuerdo cómo era cuando tenía veinte.
Por decir, se dicen muchas cosas, por supuesto.
Pero hay una prueba irrefutable de que los cuarenta no son los nuevos veinte (aparte de la caída en sufijo -eño y la de las carnes), un hecho indiscutible que demuestra que los veinteañeros no tienen nada que ver con los cuarentones. Y no es otra cosa que el hecho de que los veinteañeros no tienen que soportar una de las plagas más odiosas y pegajosas que han traído consigo la omnipresencia de Facebook y WhatsApp: los grupos de antiguos compañeros de colegio y los encuentros en carne y hueso derivados de ellos. Sí, parece que con la cuarentena la semilla de la nostalgia escolar empieza a germinar en algún rincón del alma de todos los antiguos compañeros de pupitre y estas redes no hacen sino regar dicho germen primerizo y desarrollarlo más y más, como una planta que fuera a procurarles a todos el secreto de la eterna juventud.
Si algunos de ustedes, queridos lectores, tienen entre treinta y muchos y cuarenta y algo sabrán a lo que me refiero. Hablo de lo que podríamos llamar el Síndrome “Yo fui a la EGB”, que es la enésima manifestación de la tendencia inveterada del ser humano a la nostalgia y a regocijarse en el dicho “Cualquier tiempo pasado fue mejor”.
“Con la EBG vivíamos mejor” parece ser para nuestra generación lo que para las generaciones anteriores era “Contra Franco vivíamos mejor” (sic), y la verdad es que tampoco conviene criticar estos asertos con demasiado encono, como tampoco conviene en general criticar nada con demasiado encono en un momento en que criticar se ha vuelto tan fácil y gratuito (si no tienes una columna en un periódico, te abres una cuenta de twitter, y ya está). El pasado siempre está ahí a nuestro alcance para glorificarnos y glorificarlo y, como nadie puede protestar ni levantar acta sobre lo que ya ha ocurrido, admite todo tipo de maleabilidad y manipulación. Resulta de lo más comprensible que, cuando uno batalla con el día de los pagos de la hipoteca, las extraescolares de los niños, las vacaciones familiares y la agónica llegada a fin de mes, se vuelva con nostalgia la mirada hacia la EGB y sus carpetas azules, sus chándales con rayas a los lados, sus controles, sus Progresa Adecuadamente, sus libros de Santillana, su inglés tipo uantufrí y sus horas de gimnasia saltando el potro.
No, señores de la EGB, ese tiempo no era mejor, aunque sí teníamos más tiempo: mucho tiempo por delante y mucho tiempo para todo.
Pero la nostalgia es un arma cargada de futuro.
Y de beneficios.
La nostalgia siempre vende porque quien está dispuesta a comprarla tiene poder adquisitivo.
Cómo se explica si no un el éxito de una serie televisiva como Stranger Things la temporada pasada, que incluso tenía el acierto de contar en el cast con estrellas de los ochenta y noventa como Matthew Modine y Winona Ryder. Un cruce en su planteamiento oficial de lo más hábil entre Cuenta conmigo y Los Goonies (es decir, LAS películas sobre la amistad preadolescente en los ochenta) aderezado con una trama de ciencia-ficción tipo qué-malo-es-el-gobierno-de-Estados-Unidos-que-nos-oculta-información-fundamental-por-nuestro-propio-bien ante el cual es difícil no caer fascinado y subyugado (y hablo con conocimiento de causa).
Y cómo se explica si no en el fondo el éxito de ventas sin precedentes de los libros de poesía de Gloria Fuertes que se han publicado durante el presente año con un exquisito cuidado (todo sea dicho), sobre todo en el caso de El libro de Gloria Fuertes, editado por Blackie Books, una editorial que – por usar una expresión de lo más ochentosa y desfasada ya – mola mogollón, mola mazo, cosa que digo sin asomo alguno de ironía o de burla, porque de verdad publica muchos libros que están muy bien y que además están muy bien editados.
Chapeau!
Vaya por delante que me alegro especialmente del éxito de Gloria Fuertes y de que un libro de poesía se haya convertido en un superventas por primera vez en años en España. Es algo que merece la pena celebrarse en un país donde parece que lo único que importa es el fútbol y si la tableta de chocolate de CR sigue en su sitio después de marcar un gol (porque este es un país de envidiosos, dicen, y todos queremos tener la tableta y la cuenta corriente de CR). Pero tal vez también por eso que dicen de que España es un país de envidiosos, un fenómeno inesperado como este suscita por supuesto reticencias y críticas. La más sonada llegó hace unos días, cuando Javier Marías escribió en su sección semanal del suplemento de los domingos de El País un artículo en el que venía grosso modo a llamar la atención sobre – a su juicio – la “campaña orquestada” (sic) en estos días para reivindicar que Gloria Fuertes que fue una grandísima poeta. El artículo, en realidad, trataba de otra cosa, y no hacía mención a Fuertes hasta casi el final, pero de la entradilla – “Francamente, me resulta imposible suscribir que Gloria Fuertes fuese una grandísima poeta a la que debemos tomar muy en serio” – parecía deducirse justamente lo contrario.
Las respuestas airadas e indignadas no se hicieron esperar, y a Javier María le llovieron críticas por todas partes. Pero no solo por su opinión sobre Fuertes (cosa que, al fin y al cabo, no se puede discutir, pues Marías está en su derecho de que no le guste su poesía, faltaría más), sino porque la columna se centraba sobre todo en las reivindicaciones de mujeres escritoras y artistas olvidadas que ha llevado a cabo en los últimos años el feminismo y que en muchos casos, siempre según Marías, han dado lugar a revaloraciones hiperbólicas de talentos menores que tal vez no merecen estar olvidados pero que tampoco merecen ser traídos a la primera línea del canon. Todo ello derivaba, en las líneas finales, en una breve mención a Gloria Fuertes de la que se deducía que era uno de esos talentos olvidados que ha sido desproporcionadamente reivindicada en los últimos tiempos mediante lo que él considera una “campaña orquestada” (y mi pregunta es ¿por quién? En otro momento, Marías habla con cierta ironía de “conspiración”, por cierto, para que se vea un poco por dónde van los tiros). 
Yo no estoy de acuerdo en la valoración que hace Marías de las reivindicaciones de la crítica feminista, pues no creo que su intención haya sido nunca hacer pasar por luminarias del arte talentos mediocres, ni tampoco con la relación que establece entre dicha tendencia y la reciente y tal vez excesiva reivindicación de Fuertes. Pero lo que sí me parece que pone de manifiesto Marías con su artículo es cierta saturación en la reivindicación de Gloria Fuertes que puede resultar al final hasta contraproducente.
De repente, Gloria Fuertes está hasta en la sopa.
Y cuando alguien o algo está hasta el la sopa, siempre existe el peligro de que se alcen voces como la de Javier Marías, que pone el dedo en la llaga sobre el excesivo entusiasmo en la reivindicación de la obra de Gloria Fuertes responsabilizando de ello al feminismo, cuando creo que las verdaderas causas de esta excesiva presencia de la poeta madrileña en el campo literario hay que buscarla quizás en otras causas.
Gloria Fuertes, nos guste o no nos guste y le pese a quien le pese, es la poeta de la EGB y de la TVE. Ninguna de sus compañeras de generación (y ninguno de sus compañeros de generación tampoco, por descontado) tuvo la oportunidad de convertirse en un personaje televisivo que le resultara familiar a los niños de la época y que tuviera un físico, una manera de vestir y una voz tan inequívocamente reconocible (tal vez en eso solo sea comparable a Alaska) y por eso mismo tremendamente imitable, con estilo, como corresponde a aquellas personas dotadas de personalidad y por lo tanto carne de imitación y de pastiche (que se lo digan a Martes y 13, otro fenómeno de masas de la generación de la EGB). Es indudable que su condición de personaje mediático dedicado a la poesía infantil no influyó favorablemente en la justa valoración de su poesía en general, pero también es indiscutible que gran parte de su éxito de hoy en día se explica por que muchos de los niños que la vieron en televisión en la década de 1980 son ahora adultos con poder adquisitivo y dominados por el espíritu nostálgico made in Yo fui a la EGB que no dudan en comprar los volúmenes de su poesía exquisitamente editados (objetos de deseo en sí mismos) durante ese año de su centenario. No, por supuesto, los viejos y quizás algo viejunos ya volúmenes de Susaeta editados para niños (y que nunca han dejado de reeditarse y distribuirse, dicho sea de paso), sino estas nuevas ediciones más adaptadas a los nuevos tiempos. De la misma forma que ha cambiado la fanta y los quicos de los cumpleaños infantiles por el gintónic y el sushi. No imagino yo a todos esos compradores de los libros de Gloria Fuertes haciendo lo propio con las reediciones de la poesía de Ángela Figuera o María Victoria Atencia, desde luego, pero quién sabe. Eso es mucho suponer por mi parte. Tal vez me equivoque.
En cualquier, el fenómeno Fuertes, que sin duda existe y lo estamos viviendo desde hace unos meses, no puede reducirse a una explicación que demonice el feminismo y, sobre todo, no debería entenderse sin la confluencia de fuerzas que explican siempre los fenómenos literarios dentro del campo literario y que casi siempre resultan de la unión de lo generacional, lo económico y, desde luego, lo literario, aunque este aspecto pase muchas veces a un plano más que secundario. Y de todo esto se deduce una pregunta que sobrevuela el fenómeno Fuertes: esta reivindicación de Gloria Fuertes, traducida en ventas y reediciones, ¿creará lectores de poesía que tengan ganas de asomarse a los versos de otros y otras poetas de nuestra posguerra o, sencillamente, a otros y otras poetas de cualquier época y cualquier país? ¿Leerán los lectores de Gloria Fuertes más poesía o no irán más allá?
Tal vez esta Gloria Fuertes que ahora mismo está por todas partes acabe como las Ketchup, que ayer mismo decían en una entrevista en El Mundo que seguían cantando y actuando por el mundo, aunque nadie las recuerde y ni en las bodas o fiestas más chuscas se baile ya el Aserejé (ni siquiera como un ejercicio irónico un poco hipster). O tal vez no. Nunca se sabe. El tiempo, como siempre, nos lo dirá.


Convocado el X Premio Internacional de Poesía para niños y niñas "Ciudad de Orihuela"



La concejalía de Educación del Ayuntamiento de Orihuela, en colaboración con Kalandraka Editora, convoca el X Premio Internacional de Poesía para niños y niñas «Ciudad de Orihuela» de acuerdo a las siguientes bases:

1. Podrá optar al X Premio Internacional de Poesía para niños y niñas «Ciudad de Orihuela» cualquier persona mayor de edad con un libro inédito, en castellano, no premiado anteriormente  en ningún otro certamen, y dedicado a poesía infantil. Quedan excluidos los ganadores de las anteriores ediciones y el personal de Kalandraka.

2. Las obras se presentarán por quintuplicado, mecanografiadas a doble espacio, y escritas por una sola cara, con letra tipo Arial o Times New Roman, tamaño 12. Tendrán un mínimo de 300 versos y un máximo de 500.

3. En las obras presentadas no podrá aparecer en ningún caso el nombre del autor o autora; en su lugar deberá figurar un lema o seudónimo. Los datos personales de los participantes se adjuntarán en un sobre cerrado, en cuyo exterior se anotará el título de la obra y el lema o seudónimo; en su interior constarán el nombre completo, dirección, teléfono de contacto, correo electrónico y se incluirá el número del DNI o pasaporte, así como una breve reseña biográfica. Además de esta documentación, se adjuntará el Anexo I con los apartados A y B debidamente cumplimentados y firmados. El Anexo I se puede descargar desde este enlace:

http://www.orihuela.es/wp-content/uploads/2017/06/anexo1.pdf

4. Las obras que se presenten se entregarán o enviarán al Registro General del Excelentísimo Ayuntamiento de Orihuela, calle de López Pozas, s/n, 03300, Orihuela; en un sobre grande, en el que se indicará únicamente su título o lema y optativamente, pseudónimo del autor/a y en el que se hará constar «Para el Premio Internacional de Poesía para Niños y Niñas Ciudad de Orihuela 2017». En el sobre se incluirán las 5 copias, cada una de la cuales incluirá portada con el título o lema de la obra y, en su caso, pseudónimo del autor.

5. El plazo de presentación de originales se inicia con la publicación de estas bases, el 20 de junio de 2017, y finaliza el 19 de septiembre de 2017, a las 12:00 horas. El fallo del jurado se hará público el 30 de octubre de 2017, día del aniversario del nacimiento de Miguel Hernández.

6. El jurado del premio estará compuesto por personas de reconocido prestigio en el área de la literatura infantil. Actuará de secretario o secretaria una persona que designen las entidades organizadoras. El premio podrá declararse desierto y el fallo del jurado será inapelable.

7. Se establece un único premio, dotado de 5000 euros, sujeto a las retenciones fiscales que correspondan, en concepto de adelanto por los derechos de autoría. La obra premiada será publicada por la editorial Kalandraka en torno al 21 de marzo de 2018, Día de la Poesía y, a tal efecto, se firmarán los correspondientes contratos de edición. Asimismo, la editora tendrá prioridad en la publicación de aquellos originales que hayan recibido mención especial del jurado. Este derecho tendrá vigencia durante un año, pasado el cual, los autores podrán disponer libremente de sus obras.

8. Los textos que no sean premiados no se devolverán a sus autores y se destruirán una vez comunicado el fallo del jurado.

9. Si en estas bases quedase alguna cuestión sin precisar, le corresponderá al jurado establecerla y, si no fuera así, a los organizadores del certamen. La participación en este premio implica el conocimiento y la aceptación íntegra de las presentes bases. Estos puntos son un extracto de las bases completas, que se pueden consultar en el enlace:

http://www.orihuela.es/wp-content/uploads/2017/06/conv_ppico2017.pdf

miércoles, 26 de abril de 2017

II Seminario Internacional de Investigadores: el objeto libro en el universo infantil




9.30 Inauguración y bienvenida. Vicerrector del Campus de Huesca. Decana de la Facultad 
9.45 José Luis Jiménez Cerezo (Universidad de Zaragoza) Para empezar... Bruno Munari 
10.00 Ana Margarida Ramos (Universidad de Aveiro) Desdobrar leituras: uma panorâmica da edição de livros-acordeão em Portugal 
10.20 Isabel Mociño (Universidad de Vigo) Poesía en movimiento: construyendo signicados a través de los sentidos 
11.00 Claudia Sousa Pereira (Universidad de Évora CIDEHUS UID/HIS/00057/2013 (POCI-01-0145-FEDER-007702) Livro-objeto e instagram, um par improvável: sobre os processos de auto-aprendizagem e a promoção da literacia estética 
11.20 Ana G. Lartitegui Presentación de la revista Fuera [de] Margen 
12.00 Descanso 
12.15 Juan Senís (Universidad de Zaragoza. ELLIJ) Versos en rojo y negro. Garra de Guerra como libro objeto 
12.40 Sara Reis da Silva (Universidad do Minho) Da leitura ao faz-de-conta: aproximações ao livro-máscara 
13.00 Marta Sanjuán (Universidad de Zaragoza. ELLIJ) Los libros abecedario como libros objeto: formas y funciones 
13.20 Virginia Calvo (Universidad de Zaragoza. ELLIJ) El libro objeto como apoyo en los procesos de acogida y aprendizaje del español 
13.40 Lourdes Sánchez Vera (Universidad de Cádiz) Los paratextos en la comprensión lectora. El caso de Gerónimo Stilton 
14.00 Rosa Tabernero (Universidad de Zaragoza. ELLIJ) Descubriendo lo oculto: el espacio del lector en los libros de solapas 
14.20 Presentación de la publicación correspondiente al Primer Seminario celebrado en Aveiro en 2016 
14.45 Comida 
17.30 Reunión a puerta cerrada de los grupos de investigación participantes en el Seminario (Sala de Juntas de la Facultad de Ciencias Humanas y de la Educación) 
19.30 Visita a la ciudad 



miércoles, 8 de marzo de 2017

Gloria Fuertes, poeta para niños (a propósito de Poemas de la Oca Loca)


Cuando alguien me pregunta a qué me dedico y yo respondo que doy clases de literatura infantil en la universidad, normalmente el interlocutor reacciona con cierta perplejidad y un poco de embarazo. Casi todos dicen “Ay, qué bonito”, con un tono cursi y algo acaramelado que se parece mucho al que usarían para hablarles a sus hijos, sobrinos o nietos, como si el hecho de dedicarme a enseñar y a investigar (y a escribir, pero eso no sale a colación en ese momento) literatura para los llamados “más pequeños” te convirtiera directamente en uno de ellos y ya no pudieran hablarte de tú a tú, como a un adulto. Algunos, los menos, se interesan sinceramente por la literatura infantil y llegan a hacerme preguntas inteligentes sobre sus límites, sus problemas y su relación con la didáctica y la moralina fácil. Y otros muchos intentan rebuscar en su mente para encontrar algo interesante que decir y lo único que consiguen encontrar buceando en el baúl de sus recuerdos infantiles (que con los nuevos tiempos ha mutado y se ha convertido más bien en una televisión con dos canales) es algo parecido a lo siguiente: “Ah, pero en literatura infantil, ¿qué hay? Gloria Fuertes y poco más, ¿no? Ay, a mí me encantaba de pequeña, de verdad”.
La respuesta es sintomática del estado de desconocimiento y reconocimiento (o des-reconocimiento) de la LIJ en el Estado español, por un lado, y, por otro, de un hecho que resulta insoslayable: que Gloria Fuertes es lo más parecido a un mito literario infantil que tenemos en España. Un mito moderno, como bien sabemos desde que Roland Barthes lo radiografió en sus Mitologías, se caracteriza por ser un metalenguaje que se construye sobre un elemento real para hipertrofiarlo y proyectar en el imaginario colectivo un solo aspecto del mismo que eclipsa todos los demás. Gloria Fuertes, siguiendo este argumento, sería un mito en el doble sentido del término: en primer lugar, porque ella misma eclipsa toda la tradición literaria infantil hispánica; y, en segundo lugar, porque su faceta de autora infantil ha eclipsado para el gran público su poesía para adultos, de una calidad y una originalidad sin parangón. Gloria Fuertes podría haberse convertido en esa un tanto odiosa y sexista figura arquetípica que es la gran dama de las letras españolas (¿acaso existe el Gran Caballero de las Letras?) si no fuera porque quizás eso es más difícil para una poeta que para una novelista y porque su faceta de autora infantil eclipsó el resto de su obra. Nadie toma en serio la literatura infantil, y así nos va.
En 2017 se cumplen cien años de su nacimiento y, afortunadamente, esta efeméride no ha pasado desapercibida. Son varios las publicaciones que han llegado a las librerías y los artículos en suplementos y revistas culturales dedicados a esta autora. El punto culminante hasta ahora quizás haya llegado el pasado sábado 25 de febrero, cuando el suplemento cultural de El País, Babelia, le dedicó la portada y la doble página de inicio, algo que solo sucede ante lo que se considera un acontecimiento cultural. Con esto, Gloria Fuertes ha quedado definitivamente canonizada en el campo literario español.
Sin embargo, resulta interesante comprobar que la mayoría de artículos publicados a raíz de esta efeméride tiene un punto de partida muy similar: casi todos ellos hablan de la necesidad de rescatar a Gloria Fuertes del ámbito infantil y de reivindicar su desconocida y ensombrecida faceta de poesía para adultos. Nada que objetar. Yo mismo soy un gran admirador de la poesía para adultos – llamémosla así, por abreviar –  de Gloria Fuertes, pero creo que el desconocimiento y poca valoración de la misma tal vez no se deba tan solo a la popularidad de sus obras para niños y a la sombra de su faceta televisiva, sino también a la extendida tendencia a minusvalorar la poesía escrita por mujeres y a no ponerla nunca a la misma altura de la escrita por los hombres. Pasa con Fuertes, pero ha pasado también con María Victoria Atencia, por ejemplo, y otras. Problemas de discriminación literaria aparte (el canon puede ser muy duro, desde luego, y no solo para las mujeres) lo que me llama la atención de este deseo de rehabilitación de la Gloria Fuertes para adultos es que esconde, bajo su bienintencionada finalidad, siempre la misma retórica, la misma actitud: la del rescate, la de la poesía infantil como un territorio concebido como un lugar desde el que hay que rescatar su obra y su figura, un territorio en el que quizás permanecía injustamente prisionera. Y me parece un punto de partida en cierto modo erróneo.  
El léxico del artículo de Elsa Fernández-Santos en Babelia no deja lugar a dudas sobre esta contraposición. En la portada del suplemento, leemos lo siguiente: “Gloria Fuertes, por fin libre. Fue la famosa escritora para niños que salía en la tele, pero también la autora de una poesía desgarrada. En su centenario, varios libros y exposiciones la devuelven a la literatura adulta” (las cursivas son mías, por supuesto). Pasando de página, el titular del artículo es “Una poesía mayor de edad”, lo cual supone toda una declaración de intenciones. En el cuerpo del artículo menudean las afirmaciones coherentes con estos titulares, de modo que no es difícil llegar a la conclusión de que Gloria Fuertes tiene que ser rescatada de la poesía infantil, que la degrada, mediante la reivindicación de su poesía para adultos (que no adulta, como dice el titular de la portada: no es lo mismo). Solo la voz de Paloma Porpetta emerge solitaria en la reivindicación de su faceta infantil también cuando dice que “es importante no descuidar su obra infantil, porque le dio una vuelta absoluta a la literatura para niños en España, la hizo coloquial sin cursiladas y logró que miles de niños se acercaran de su mano a la poesía”. El poeta Luis Muñoz, por ejemplo, alude a su faceta televisiva, pero se centra en su aspecto de clown, en su manera de vestir y de hablar, sin entrar en el que para mí es sin duda el meollo de la cuestión: cuál es su verdadera aportación a la poesía para niños en España y a la literatura infantil, porque no hay que olvidar que no solo escribió versos para niños, sino también teatro y una narración tan deliciosamente subversiva como Cangura para todo (Premio Andersen, por cierto), que surgió como encargo      – cómo no – por parte de Esther Tusquets. El artículo de Elsa Fernández-Santos, en esta línea, solo destaca como libros publicados a raíz de su centenario tres volúmenes para adultos de Blackie Books, Nórdica y Reservoir Books, y olvida sin embargo la que quizás ha sido la primera publicación del centenario, aunque sea solo para niños: Poemas de la Oca Loca. Pero ya digo que no es sorprendente. El artículo, como la mayor parte de los testimonios que incluye, parte de la oposición radical entre la poesía para niños y la poesía para adultos de Fuertes, entre su figura televisiva y popular y la autora de culto valorada por sus colegas. Yo creo que es un error incidir en dicha oposición, porque no beneficia ni a una faceta ni a otra, como lo es pensar que su poesía no ha sido justamente reivindicada por su fama como autora infantil.
Ante artículos así creo que no queda más remedio que intentar poner un poco de orden en el terreno que uno mejor conoce, la poesía infantil, y reivindicar ante todo a Gloria Fuertes también como una gran autora de poesía para niños, con o sin proyección mediática, con o sin presencia en el imaginario, y por lo tanto destacar por encima de todo la aparición en Kalandraka de sus Poemas de la Oca Loca a principios de año como una manera perfecta de calibrar su valor como poeta para niños, como cultivadora de poesía infantil.
Una vez más, en la valoración de Gloria Fuertes como poeta para niños, nos topamos con el problema de la deformación y la mitificación. El problema de Gloria Fuertes es que ha creado una falsa escuela poética en España y una legión de falsos imitadores que se han quedado en la superficie de su poesía y han cogido solamente lo peor o lo más imitable. Porque la poesía infantil de Fuertes produce la falsa primera impresión de ser fácilmente imitable, fácilmente copiable, porque parece tremendamente fácil. Cogemos un par de animalitos, hacemos un par de versitos con ellos, y ya está. Total, los niños no merecen mucho más. Con cualquier cosa se arreglan.
Si uno se esfuerza por leer las obras para niños de Gloria Fuertes se dará cuenta de que sus versos son todo menos eso. Como todos los grandes autores para niños, Gloria Fuertes le habla de tú a tú al público infantil y no lo trata con ningún tipo de condescendencia. Aplica incluso a los niños los mismos recursos y las mismas herramientas que usa en su poesía para los adultos, entre las cuales destacan dos sobre todo: el humor y la tendencia a crear imágenes que surgen de elementos cotidianos y que quedan transfiguradas por medio del absurdo. Por supuesto que sus poemas para niños riman y que hay incluso cierta tendencia al ripio que puede hacernos sonreír, pero si uno lee con calma su poesía se dará cuenta de que lo más importante es ese trabajo constante con el lenguaje y la imaginación – ¿no es eso al fin y al cabo la poesía, la imaginación trasfigurada que se expresa con el lenguaje? – y que la inventiva verbal es absolutamente apabullante, incluso en poemas como los incluidos en Poemas de la Oca Loca, que fueron creados para un espacio televisivo, cuando en la televisión se hacían cosas como estas, en el siglo pasado.
Poemas de la Oca Loca no reniega de la Fuertes poeta para niños ni de la Fuertes figura televisiva, porque la base del libro está en ambas. No todo lo que hizo Fuertes en la televisión sirvió para rebajarla o dejarla de lado.  
Estos Poemas de la Oca Loca son una serie de dictados poéticos cuyo título comienza la mayoría de la misma manera (Cómo se dibuja) para a continuación incluir una gran variedad de elementos de la vida cotidiana o no, porque se dan instrucciones para dibujar un señor, una señora, un niño, un coche, una tormenta, pero también un cocodrilo, un esquimal, una bruja o un canguro. Solo hay tres excepciones al respecto: el primer poema, La Oca Loca, y los dos últimos, La sardina Florentina y La niña y la caracola. En la edición que ahora presenta Kalandraka se recuperan las ilustraciones que a finales de la década de 1970 realizó el ilustrador Miguel Ángel Pacheco para el programa Para los pequeños. Según explica él mismo en la adenda final, el programa estuvo constituido por “alrededor de noventa miniespacios poéticos de dos minutos como máximo, basados en sus textos, que recitaba Matilde Vilariño, y en donde mi mano, enguantada en blanco, realizaba con un rotulador negro (…) los dibujos que aquí veis coloreados y entramados”. Ha sido todo un acierto que la editorial haya decidido reeditar estos poemas con los dibujos que Pacheco realizó para dicho programa, porque de esta manera su carácter de dictados poéticos en los que se enseña cómo dibujar tiene su justa correspondencia en estas ilustraciones que, pese a estar coloreadas y entramadas como dice su autor, conservan el aire fresco de dibujo a mano alzada en directo, amén de que transmiten un dominio técnico y una expresividad y una gracia que son patrimonio exclusivo de los buenos dibujantes, de los que dominan el lenguaje de la línea. Y ha sido también todo un acierto que la editorial haya editado los poemas en formato de gran álbum, con tapa dura y a todo color.
Por todo ello, hay que saludar la reedición de Poemas de la Oca Loca como un acontecimiento literario que puede contribuir sin duda alguna rehabilitar la figura de Gloria Fuertes como poeta para niños, algo que al parecer muy pocos se han encargado de hacer y que es totalmente necesario, sobre todo para que nadie más piense que sus versos para niños no son más que escombreras poéticas llenas de ripios donde volcó todo lo que no le servía para su poesía seria y de verdad (las cursivas, por supuesto, son de nuevo mías). Gloria Fuertes, como todo los grandes, sabía que escribir para los pequeños es algo muy serio. Valorémoslo, pues, con tanta seriedad como merece.

Fuertes, Gloria, Poemas de la Oca Loca, Pontevedra, Kalandraka, 2016

(ilustraciones de Miguel Ángel Pacheco)

lunes, 30 de enero de 2017

Premio Fundación Cuatro Gatos 2017

 
  Acaba de publicarse la lista de libros seleccionados en el Premio Fundación Cuatro Gatos de 2017. Además de reconocer la labor encomiable que supone elaborar dicha lista, hemos de destacar la atención que desde la Fundación prestan siempre a los libros de poesía, que están muy presentes en la selección. Este año no es una excepción, y entre los títulos poesía seleccionados nos complace hallar tres poemarios que reseñé aquí con enorme placer hace unos meses. 
   Se trata, en primer lugar, de Mundinovi, con texto de Juan Carlos Martín Ramos e ilustraciones de Federico Delicado, que ya se alzó con el Premio Orihuela en su pasada edición y que aquí ha sido incluido en la lista de los veinte ganadores. 
   Pero, ademas, entre la lista de los noventa seleccionados hay otros dos libros que me alegra bastante encontrar ahí, porque son dos apuestas muy personales y arriesgadas que además han nacido en el seno de proyecto editoriales también arriesgados que merecen por ello toda la difusión y todo el apoyo que dan este tipo de galardones. Estos libros son, por un lado, Bolso de niebla, un poemario en formato de álbum con textos de María Rosa Serdio e ilustraciones de Julio Antonio Blasco; y Nada de Nada, un delicioso volumen de greguerías de Daniel Nesquens con ilustraciones de Alberto Gamón. 
   A todos ellos, mi más sincera enhorabuena. 

martes, 24 de enero de 2017

El clásico de la semana es...


Para Sharon, que estaba allí, 
 y para Maite, pour toutes nos affinités 

   A diferencia de la mayoría de las personas que conozco, mi primer contacto con las canciones del cantautor belga Jacques Brel no fue a través de su archiconocida, muy versionada y tal vez demasiado utilizada en películas Ne me quitte pas, sino a través de la más festiva y aun así melancólica  La valse à mille temps. Fue en el año 1989. Yo tenía 14 años y acababa de llegar como nuevo alumno al instituto para cursar lo que entonces era el primer año de Bachillerato. Entre las pocas asignaturas que se podían elegir en un plan de estudios bastante rígido y cerrado estaba el idioma, que podía ser inglés o francés. Yo escogí el primero porque era el que había cursado durante los tres últimos años de colegio, pero existía asimismo la opción de cursar francés como segundo idioma, aunque para ello había que quedarse en el instituto una hora más tres días por semana, algo a lo que no parecía estar dispuesto casi ningún alumno de primer curso de aquella promoción, porque aquel grupo estaba formado por un número exiguo de estudiantes que luchaban como podían contra el hambre que entraba a aquella hora y el cansancio de haber pasado ya seis horas escuchando a diversos profesores con sus correspondientes peroratas. 
    Al frente de aquella clase de resistentes que habría hecho sin duda las delicias de cualquier defensor a ultranza de la francophonie se hallaba una de las profesoras más peculiares y excéntricas que hayan pisado tan céntrico, rancio y excelso centro educativo de provincias (en todas las capitales hay un instituto así, que viene a ser más o menos el instituto). Llevaba el pelo, oscuro, en una mata desordenada y algo salvaje, pero se había dejado crecer por detrás un largo mechón que tenía recogido en una trenza. No es que el gremio profesoral se haya caracterizado nunca por el refinamiento y el cuidado en el vestir, y menos en aquella época, los finales de los ochenta, donde  todavía quedaban flotando los flujos de las estéticas progres y primaban mucho aún la pana, las coderas y demás. Pero incluso en aquel panorama un tanto desarrapado y empanado llamaba la atención aquella mujer que no se maquillaba ni peinaba, que llevaba zapatillas de deporte negras en vez de zapatos, pantalones anchos arremangados, chalecos de tela de damasco y blusas y camisetas debajo nada combinadas, y todo ello, por supuesto, sin planchar. Tenía ese desprecio por el atuendo propio de quien sabe que está más allá de esas naderías, propio de quien ya se sabe especial porque su vida lo ha sido y no tiene nada que demostrar a los demás, de manera que no le hace falta. No en vano, era hija de un diplomático español de origen asturiano y había nacido, si no recuerdo mal, en Beirut, por lo que su primera lengua era el francés, pensaba - según confesión propia - en esa lengua y no era extraño que se arrancara a hablar en ella de manera espontánea e incontrolada en ella en mitad de las clases, para gran fascinación y desconcierto nuestro, que no éramos capaces de seguirla en esos momentos y, a decir verdad, en ningún otro, porque sus clase carecían de orden y de estructura. En eso, la verdad sea dicha, era muy poco francesa, muy poco cartesiana, o es que quizás se le había quedado en las venas todo ese afrancesamiento muy poco racional del nouveau roman, la nouvelle vague, la nouvelle critique y demás nouvedades (o necedades). 
     Para que nos fuéramos familiarizando con los números en francés, a la profesora no se le ocurrió mejor idea que poner en clase La valse à mille temps, de Jacques Brel (eran otros tiempos, desde luego). Así que allí estábamos, aquella día a día mermada resistencia francesa del instituto, boli en mano intentando pillar los números que decía a toda velocidad aquel cantante desconocido para nosotros hasta entonces (mis padres eran poco francófilos en gustos musicales) mientras la profesora bailaba literalmente (o tal vez literariamente) el vals entre los pupitres del aula, deleitada a más no poder con las inflexiones de Brel y el aceleramiento que se produce al final de la canción. 
   Aquellas clases de segundo idioma fueron clausuradas a las pocas semanas porque no llegábamos al número mínimo de alumnos que exigía la ley para mantener el grupo abierto. El último día de clase, un día lluvioso y muy belga según la profesora, esta nos puso otra canción de Jacques Brel mucho menos festiva y acorde con el momento, cuyo título no recuerdo. Pero sí la recuerdo a ella, sentada en un pupitre con las piernas cruzadas a lo indio y mirando con nostalgia el día gris y lluvioso, emocionada ante aquellos versos cantados que a nosotros nada nos decían. 
    Las clases acabaron, pero La valse à mille temps quedó instalada para siempre en mi imaginario. Más adelante, cuando ya vivía en Francia y sabía francés, la escuché un día por la radio y recordé ese momento tan festivo dentro de una cotidianidad gris y rancia del instituto, y lamenté profundamente (eran otros tiempos, anteriores a la llegada de youtube y spotify) que acabara esa canción que hablaba del amor a los veinte años en París, esa canción que ahora entendía perfectamente y como por arte de magia gracias que ya hablaba francés, esa canción en la que todo avanza de manera perfecta y acompasada hasta el clímax acelerado final donde todo explota, después de usar de forma maestra una estructura acumulativa basada precisamente en los números, y que tiene un final abierto, porque no acaba con la nota dominante, sino con una nota que deja todo colgando, en suspenso, como la propia historia de amor que se insinúa, como son al fin y al cabo todos los amores a los veinte años, siempre apasionados, acelerados y abiertos hacia al futuro. 

Au premier temps de la valse
Toute seule tu souris déjà
Au premier temps de la valse
Je suis seul mais je t'aperçois
Et Paris qui bat la mesure
Paris qui mesure notre émoi
Et Paris qui bat la mesure
Me murmure murmure tout bas

(refrain)

Une valse à trois temps
Qui s'offre encore le temps
Qui s'offre encore le temps
De s'offrir des détours
Du côté de l'amour
Comme c'est charmant
Une valse à quatre temps
C'est beaucoup moins dansant
C'est beaucoup moins dansant
Mais tout aussi charmant
Qu'une valse à trois temps
Une valse à quatre temps
Une valse à vingt ans
C'est beaucoup plus troublant
C'est beaucoup plus troublant
Mais beaucoup plus charmant
Qu'une valse à trois temps
Une valse à vingt ans
Une valse à cent temps
Une valse à cent temps
Une valse ça s'entend
A chaque carrefour
Dans Paris que l'amour
Rafraîchit au printemps
Une valse à mille temps
Une valse à mille temps
Une valse a mis le temps
De patienter vingt ans
Pour que tu aies vingt ans
Et pour que j'aie vingt ans
Une valse à mille temps
Une valse à mille temps
Une valse à mille temps
Offre seule aux amants
Trois cent trente-trois fois le temps
De bâtir un roman

Au deuxième temps de la valse
On est deux tu es dans mes bras
Au deuxième temps de la valse
Nous comptons tous les deux une deux trois
Et Paris qui bat la mesure
Paris qui mesure notre émoi
Et Paris qui bat la mesure
Nous fredonne fredonne déjà

(refrain)

Au troisième temps de la valse
Nous valsons enfin tous les trois
Au troisième temps de la valse
Il y a toi y'a l'amour et y'a moi
Et Paris qui bat la mesure
Paris qui mesure notre émoi
Et Paris qui bat la mesure
Laisse enfin éclater sa joie.

(refrain)