miércoles, 26 de abril de 2017

II Seminario Internacional de Investigadores: el objeto libro en el universo infantil




9.30 Inauguración y bienvenida. Vicerrector del Campus de Huesca. Decana de la Facultad 
9.45 José Luis Jiménez Cerezo (Universidad de Zaragoza) Para empezar... Bruno Munari 
10.00 Ana Margarida Ramos (Universidad de Aveiro) Desdobrar leituras: uma panorâmica da edição de livros-acordeão em Portugal 
10.20 Isabel Mociño (Universidad de Vigo) Poesía en movimiento: construyendo signicados a través de los sentidos 
11.00 Claudia Sousa Pereira (Universidad de Évora CIDEHUS UID/HIS/00057/2013 (POCI-01-0145-FEDER-007702) Livro-objeto e instagram, um par improvável: sobre os processos de auto-aprendizagem e a promoção da literacia estética 
11.20 Ana G. Lartitegui Presentación de la revista Fuera [de] Margen 
12.00 Descanso 
12.15 Juan Senís (Universidad de Zaragoza. ELLIJ) Versos en rojo y negro. Garra de Guerra como libro objeto 
12.40 Sara Reis da Silva (Universidad do Minho) Da leitura ao faz-de-conta: aproximações ao livro-máscara 
13.00 Marta Sanjuán (Universidad de Zaragoza. ELLIJ) Los libros abecedario como libros objeto: formas y funciones 
13.20 Virginia Calvo (Universidad de Zaragoza. ELLIJ) El libro objeto como apoyo en los procesos de acogida y aprendizaje del español 
13.40 Lourdes Sánchez Vera (Universidad de Cádiz) Los paratextos en la comprensión lectora. El caso de Gerónimo Stilton 
14.00 Rosa Tabernero (Universidad de Zaragoza. ELLIJ) Descubriendo lo oculto: el espacio del lector en los libros de solapas 
14.20 Presentación de la publicación correspondiente al Primer Seminario celebrado en Aveiro en 2016 
14.45 Comida 
17.30 Reunión a puerta cerrada de los grupos de investigación participantes en el Seminario (Sala de Juntas de la Facultad de Ciencias Humanas y de la Educación) 
19.30 Visita a la ciudad 



miércoles, 8 de marzo de 2017

Gloria Fuertes, poeta para niños (a propósito de Poemas de la Oca Loca)


Cuando alguien me pregunta a qué me dedico y yo respondo que doy clases de literatura infantil en la universidad, normalmente el interlocutor reacciona con cierta perplejidad y un poco de embarazo. Casi todos dicen “Ay, qué bonito”, con un tono cursi y algo acaramelado que se parece mucho al que usarían para hablarles a sus hijos, sobrinos o nietos, como si el hecho de dedicarme a enseñar y a investigar (y a escribir, pero eso no sale a colación en ese momento) literatura para los llamados “más pequeños” te convirtiera directamente en uno de ellos y ya no pudieran hablarte de tú a tú, como a un adulto. Algunos, los menos, se interesan sinceramente por la literatura infantil y llegan a hacerme preguntas inteligentes sobre sus límites, sus problemas y su relación con la didáctica y la moralina fácil. Y otros muchos intentan rebuscar en su mente para encontrar algo interesante que decir y lo único que consiguen encontrar buceando en el baúl de sus recuerdos infantiles (que con los nuevos tiempos ha mutado y se ha convertido más bien en una televisión con dos canales) es algo parecido a lo siguiente: “Ah, pero en literatura infantil, ¿qué hay? Gloria Fuertes y poco más, ¿no? Ay, a mí me encantaba de pequeña, de verdad”.
La respuesta es sintomática del estado de desconocimiento y reconocimiento (o des-reconocimiento) de la LIJ en el Estado español, por un lado, y, por otro, de un hecho que resulta insoslayable: que Gloria Fuertes es lo más parecido a un mito literario infantil que tenemos en España. Un mito moderno, como bien sabemos desde que Roland Barthes lo radiografió en sus Mitologías, se caracteriza por ser un metalenguaje que se construye sobre un elemento real para hipertrofiarlo y proyectar en el imaginario colectivo un solo aspecto del mismo que eclipsa todos los demás. Gloria Fuertes, siguiendo este argumento, sería un mito en el doble sentido del término: en primer lugar, porque ella misma eclipsa toda la tradición literaria infantil hispánica; y, en segundo lugar, porque su faceta de autora infantil ha eclipsado para el gran público su poesía para adultos, de una calidad y una originalidad sin parangón. Gloria Fuertes podría haberse convertido en esa un tanto odiosa y sexista figura arquetípica que es la gran dama de las letras españolas (¿acaso existe el Gran Caballero de las Letras?) si no fuera porque quizás eso es más difícil para una poeta que para una novelista y porque su faceta de autora infantil eclipsó el resto de su obra. Nadie toma en serio la literatura infantil, y así nos va.
En 2017 se cumplen cien años de su nacimiento y, afortunadamente, esta efeméride no ha pasado desapercibida. Son varios las publicaciones que han llegado a las librerías y los artículos en suplementos y revistas culturales dedicados a esta autora. El punto culminante hasta ahora quizás haya llegado el pasado sábado 25 de febrero, cuando el suplemento cultural de El País, Babelia, le dedicó la portada y la doble página de inicio, algo que solo sucede ante lo que se considera un acontecimiento cultural. Con esto, Gloria Fuertes ha quedado definitivamente canonizada en el campo literario español.
Sin embargo, resulta interesante comprobar que la mayoría de artículos publicados a raíz de esta efeméride tiene un punto de partida muy similar: casi todos ellos hablan de la necesidad de rescatar a Gloria Fuertes del ámbito infantil y de reivindicar su desconocida y ensombrecida faceta de poesía para adultos. Nada que objetar. Yo mismo soy un gran admirador de la poesía para adultos – llamémosla así, por abreviar –  de Gloria Fuertes, pero creo que el desconocimiento y poca valoración de la misma tal vez no se deba tan solo a la popularidad de sus obras para niños y a la sombra de su faceta televisiva, sino también a la extendida tendencia a minusvalorar la poesía escrita por mujeres y a no ponerla nunca a la misma altura de la escrita por los hombres. Pasa con Fuertes, pero ha pasado también con María Victoria Atencia, por ejemplo, y otras. Problemas de discriminación literaria aparte (el canon puede ser muy duro, desde luego, y no solo para las mujeres) lo que me llama la atención de este deseo de rehabilitación de la Gloria Fuertes para adultos es que esconde, bajo su bienintencionada finalidad, siempre la misma retórica, la misma actitud: la del rescate, la de la poesía infantil como un territorio concebido como un lugar desde el que hay que rescatar su obra y su figura, un territorio en el que quizás permanecía injustamente prisionera. Y me parece un punto de partida en cierto modo erróneo.  
El léxico del artículo de Elsa Fernández-Santos en Babelia no deja lugar a dudas sobre esta contraposición. En la portada del suplemento, leemos lo siguiente: “Gloria Fuertes, por fin libre. Fue la famosa escritora para niños que salía en la tele, pero también la autora de una poesía desgarrada. En su centenario, varios libros y exposiciones la devuelven a la literatura adulta” (las cursivas son mías, por supuesto). Pasando de página, el titular del artículo es “Una poesía mayor de edad”, lo cual supone toda una declaración de intenciones. En el cuerpo del artículo menudean las afirmaciones coherentes con estos titulares, de modo que no es difícil llegar a la conclusión de que Gloria Fuertes tiene que ser rescatada de la poesía infantil, que la degrada, mediante la reivindicación de su poesía para adultos (que no adulta, como dice el titular de la portada: no es lo mismo). Solo la voz de Paloma Porpetta emerge solitaria en la reivindicación de su faceta infantil también cuando dice que “es importante no descuidar su obra infantil, porque le dio una vuelta absoluta a la literatura para niños en España, la hizo coloquial sin cursiladas y logró que miles de niños se acercaran de su mano a la poesía”. El poeta Luis Muñoz, por ejemplo, alude a su faceta televisiva, pero se centra en su aspecto de clown, en su manera de vestir y de hablar, sin entrar en el que para mí es sin duda el meollo de la cuestión: cuál es su verdadera aportación a la poesía para niños en España y a la literatura infantil, porque no hay que olvidar que no solo escribió versos para niños, sino también teatro y una narración tan deliciosamente subversiva como Cangura para todo (Premio Andersen, por cierto), que surgió como encargo      – cómo no – por parte de Esther Tusquets. El artículo de Elsa Fernández-Santos, en esta línea, solo destaca como libros publicados a raíz de su centenario tres volúmenes para adultos de Blackie Books, Nórdica y Reservoir Books, y olvida sin embargo la que quizás ha sido la primera publicación del centenario, aunque sea solo para niños: Poemas de la Oca Loca. Pero ya digo que no es sorprendente. El artículo, como la mayor parte de los testimonios que incluye, parte de la oposición radical entre la poesía para niños y la poesía para adultos de Fuertes, entre su figura televisiva y popular y la autora de culto valorada por sus colegas. Yo creo que es un error incidir en dicha oposición, porque no beneficia ni a una faceta ni a otra, como lo es pensar que su poesía no ha sido justamente reivindicada por su fama como autora infantil.
Ante artículos así creo que no queda más remedio que intentar poner un poco de orden en el terreno que uno mejor conoce, la poesía infantil, y reivindicar ante todo a Gloria Fuertes también como una gran autora de poesía para niños, con o sin proyección mediática, con o sin presencia en el imaginario, y por lo tanto destacar por encima de todo la aparición en Kalandraka de sus Poemas de la Oca Loca a principios de año como una manera perfecta de calibrar su valor como poeta para niños, como cultivadora de poesía infantil.
Una vez más, en la valoración de Gloria Fuertes como poeta para niños, nos topamos con el problema de la deformación y la mitificación. El problema de Gloria Fuertes es que ha creado una falsa escuela poética en España y una legión de falsos imitadores que se han quedado en la superficie de su poesía y han cogido solamente lo peor o lo más imitable. Porque la poesía infantil de Fuertes produce la falsa primera impresión de ser fácilmente imitable, fácilmente copiable, porque parece tremendamente fácil. Cogemos un par de animalitos, hacemos un par de versitos con ellos, y ya está. Total, los niños no merecen mucho más. Con cualquier cosa se arreglan.
Si uno se esfuerza por leer las obras para niños de Gloria Fuertes se dará cuenta de que sus versos son todo menos eso. Como todos los grandes autores para niños, Gloria Fuertes le habla de tú a tú al público infantil y no lo trata con ningún tipo de condescendencia. Aplica incluso a los niños los mismos recursos y las mismas herramientas que usa en su poesía para los adultos, entre las cuales destacan dos sobre todo: el humor y la tendencia a crear imágenes que surgen de elementos cotidianos y que quedan transfiguradas por medio del absurdo. Por supuesto que sus poemas para niños riman y que hay incluso cierta tendencia al ripio que puede hacernos sonreír, pero si uno lee con calma su poesía se dará cuenta de que lo más importante es ese trabajo constante con el lenguaje y la imaginación – ¿no es eso al fin y al cabo la poesía, la imaginación trasfigurada que se expresa con el lenguaje? – y que la inventiva verbal es absolutamente apabullante, incluso en poemas como los incluidos en Poemas de la Oca Loca, que fueron creados para un espacio televisivo, cuando en la televisión se hacían cosas como estas, en el siglo pasado.
Poemas de la Oca Loca no reniega de la Fuertes poeta para niños ni de la Fuertes figura televisiva, porque la base del libro está en ambas. No todo lo que hizo Fuertes en la televisión sirvió para rebajarla o dejarla de lado.  
Estos Poemas de la Oca Loca son una serie de dictados poéticos cuyo título comienza la mayoría de la misma manera (Cómo se dibuja) para a continuación incluir una gran variedad de elementos de la vida cotidiana o no, porque se dan instrucciones para dibujar un señor, una señora, un niño, un coche, una tormenta, pero también un cocodrilo, un esquimal, una bruja o un canguro. Solo hay tres excepciones al respecto: el primer poema, La Oca Loca, y los dos últimos, La sardina Florentina y La niña y la caracola. En la edición que ahora presenta Kalandraka se recuperan las ilustraciones que a finales de la década de 1970 realizó el ilustrador Miguel Ángel Pacheco para el programa Para los pequeños. Según explica él mismo en la adenda final, el programa estuvo constituido por “alrededor de noventa miniespacios poéticos de dos minutos como máximo, basados en sus textos, que recitaba Matilde Vilariño, y en donde mi mano, enguantada en blanco, realizaba con un rotulador negro (…) los dibujos que aquí veis coloreados y entramados”. Ha sido todo un acierto que la editorial haya decidido reeditar estos poemas con los dibujos que Pacheco realizó para dicho programa, porque de esta manera su carácter de dictados poéticos en los que se enseña cómo dibujar tiene su justa correspondencia en estas ilustraciones que, pese a estar coloreadas y entramadas como dice su autor, conservan el aire fresco de dibujo a mano alzada en directo, amén de que transmiten un dominio técnico y una expresividad y una gracia que son patrimonio exclusivo de los buenos dibujantes, de los que dominan el lenguaje de la línea. Y ha sido también todo un acierto que la editorial haya editado los poemas en formato de gran álbum, con tapa dura y a todo color.
Por todo ello, hay que saludar la reedición de Poemas de la Oca Loca como un acontecimiento literario que puede contribuir sin duda alguna rehabilitar la figura de Gloria Fuertes como poeta para niños, algo que al parecer muy pocos se han encargado de hacer y que es totalmente necesario, sobre todo para que nadie más piense que sus versos para niños no son más que escombreras poéticas llenas de ripios donde volcó todo lo que no le servía para su poesía seria y de verdad (las cursivas, por supuesto, son de nuevo mías). Gloria Fuertes, como todo los grandes, sabía que escribir para los pequeños es algo muy serio. Valorémoslo, pues, con tanta seriedad como merece.

Fuertes, Gloria, Poemas de la Oca Loca, Pontevedra, Kalandraka, 2016

(ilustraciones de Miguel Ángel Pacheco)

lunes, 30 de enero de 2017

Premio Fundación Cuatro Gatos 2017

 
  Acaba de publicarse la lista de libros seleccionados en el Premio Fundación Cuatro Gatos de 2017. Además de reconocer la labor encomiable que supone elaborar dicha lista, hemos de destacar la atención que desde la Fundación prestan siempre a los libros de poesía, que están muy presentes en la selección. Este año no es una excepción, y entre los títulos poesía seleccionados nos complace hallar tres poemarios que reseñé aquí con enorme placer hace unos meses. 
   Se trata, en primer lugar, de Mundinovi, con texto de Juan Carlos Martín Ramos e ilustraciones de Federico Delicado, que ya se alzó con el Premio Orihuela en su pasada edición y que aquí ha sido incluido en la lista de los veinte ganadores. 
   Pero, ademas, entre la lista de los noventa seleccionados hay otros dos libros que me alegra bastante encontrar ahí, porque son dos apuestas muy personales y arriesgadas que además han nacido en el seno de proyecto editoriales también arriesgados que merecen por ello toda la difusión y todo el apoyo que dan este tipo de galardones. Estos libros son, por un lado, Bolso de niebla, un poemario en formato de álbum con textos de María Rosa Serdio e ilustraciones de Julio Antonio Blasco; y Nada de Nada, un delicioso volumen de greguerías de Daniel Nesquens con ilustraciones de Alberto Gamón. 
   A todos ellos, mi más sincera enhorabuena. 

martes, 24 de enero de 2017

El clásico de la semana es...


Para Sharon, que estaba allí, 
 y para Maite, pour toutes nos affinités 

   A diferencia de la mayoría de las personas que conozco, mi primer contacto con las canciones del cantautor belga Jacques Brel no fue a través de su archiconocida, muy versionada y tal vez demasiado utilizada en películas Ne me quitte pas, sino a través de la más festiva y aun así melancólica  La valse à mille temps. Fue en el año 1989. Yo tenía 14 años y acababa de llegar como nuevo alumno al instituto para cursar lo que entonces era el primer año de Bachillerato. Entre las pocas asignaturas que se podían elegir en un plan de estudios bastante rígido y cerrado estaba el idioma, que podía ser inglés o francés. Yo escogí el primero porque era el que había cursado durante los tres últimos años de colegio, pero existía asimismo la opción de cursar francés como segundo idioma, aunque para ello había que quedarse en el instituto una hora más tres días por semana, algo a lo que no parecía estar dispuesto casi ningún alumno de primer curso de aquella promoción, porque aquel grupo estaba formado por un número exiguo de estudiantes que luchaban como podían contra el hambre que entraba a aquella hora y el cansancio de haber pasado ya seis horas escuchando a diversos profesores con sus correspondientes peroratas. 
    Al frente de aquella clase de resistentes que habría hecho sin duda las delicias de cualquier defensor a ultranza de la francophonie se hallaba una de las profesoras más peculiares y excéntricas que hayan pisado tan céntrico, rancio y excelso centro educativo de provincias (en todas las capitales hay un instituto así, que viene a ser más o menos el instituto). Llevaba el pelo, oscuro, en una mata desordenada y algo salvaje, pero se había dejado crecer por detrás un largo mechón que tenía recogido en una trenza. No es que el gremio profesoral se haya caracterizado nunca por el refinamiento y el cuidado en el vestir, y menos en aquella época, los finales de los ochenta, donde  todavía quedaban flotando los flujos de las estéticas progres y primaban mucho aún la pana, las coderas y demás. Pero incluso en aquel panorama un tanto desarrapado y empanado llamaba la atención aquella mujer que no se maquillaba ni peinaba, que llevaba zapatillas de deporte negras en vez de zapatos, pantalones anchos arremangados, chalecos de tela de damasco y blusas y camisetas debajo nada combinadas, y todo ello, por supuesto, sin planchar. Tenía ese desprecio por el atuendo propio de quien sabe que está más allá de esas naderías, propio de quien ya se sabe especial porque su vida lo ha sido y no tiene nada que demostrar a los demás, de manera que no le hace falta. No en vano, era hija de un diplomático español de origen asturiano y había nacido, si no recuerdo mal, en Beirut, por lo que su primera lengua era el francés, pensaba - según confesión propia - en esa lengua y no era extraño que se arrancara a hablar en ella de manera espontánea e incontrolada en ella en mitad de las clases, para gran fascinación y desconcierto nuestro, que no éramos capaces de seguirla en esos momentos y, a decir verdad, en ningún otro, porque sus clase carecían de orden y de estructura. En eso, la verdad sea dicha, era muy poco francesa, muy poco cartesiana, o es que quizás se le había quedado en las venas todo ese afrancesamiento muy poco racional del nouveau roman, la nouvelle vague, la nouvelle critique y demás nouvedades (o necedades). 
     Para que nos fuéramos familiarizando con los números en francés, a la profesora no se le ocurrió mejor idea que poner en clase La valse à mille temps, de Jacques Brel (eran otros tiempos, desde luego). Así que allí estábamos, aquella día a día mermada resistencia francesa del instituto, boli en mano intentando pillar los números que decía a toda velocidad aquel cantante desconocido para nosotros hasta entonces (mis padres eran poco francófilos en gustos musicales) mientras la profesora bailaba literalmente (o tal vez literariamente) el vals entre los pupitres del aula, deleitada a más no poder con las inflexiones de Brel y el aceleramiento que se produce al final de la canción. 
   Aquellas clases de segundo idioma fueron clausuradas a las pocas semanas porque no llegábamos al número mínimo de alumnos que exigía la ley para mantener el grupo abierto. El último día de clase, un día lluvioso y muy belga según la profesora, esta nos puso otra canción de Jacques Brel mucho menos festiva y acorde con el momento, cuyo título no recuerdo. Pero sí la recuerdo a ella, sentada en un pupitre con las piernas cruzadas a lo indio y mirando con nostalgia el día gris y lluvioso, emocionada ante aquellos versos cantados que a nosotros nada nos decían. 
    Las clases acabaron, pero La valse à mille temps quedó instalada para siempre en mi imaginario. Más adelante, cuando ya vivía en Francia y sabía francés, la escuché un día por la radio y recordé ese momento tan festivo dentro de una cotidianidad gris y rancia del instituto, y lamenté profundamente (eran otros tiempos, anteriores a la llegada de youtube y spotify) que acabara esa canción que hablaba del amor a los veinte años en París, esa canción que ahora entendía perfectamente y como por arte de magia gracias que ya hablaba francés, esa canción en la que todo avanza de manera perfecta y acompasada hasta el clímax acelerado final donde todo explota, después de usar de forma maestra una estructura acumulativa basada precisamente en los números, y que tiene un final abierto, porque no acaba con la nota dominante, sino con una nota que deja todo colgando, en suspenso, como la propia historia de amor que se insinúa, como son al fin y al cabo todos los amores a los veinte años, siempre apasionados, acelerados y abiertos hacia al futuro. 

Au premier temps de la valse
Toute seule tu souris déjà
Au premier temps de la valse
Je suis seul mais je t'aperçois
Et Paris qui bat la mesure
Paris qui mesure notre émoi
Et Paris qui bat la mesure
Me murmure murmure tout bas

(refrain)

Une valse à trois temps
Qui s'offre encore le temps
Qui s'offre encore le temps
De s'offrir des détours
Du côté de l'amour
Comme c'est charmant
Une valse à quatre temps
C'est beaucoup moins dansant
C'est beaucoup moins dansant
Mais tout aussi charmant
Qu'une valse à trois temps
Une valse à quatre temps
Une valse à vingt ans
C'est beaucoup plus troublant
C'est beaucoup plus troublant
Mais beaucoup plus charmant
Qu'une valse à trois temps
Une valse à vingt ans
Une valse à cent temps
Une valse à cent temps
Une valse ça s'entend
A chaque carrefour
Dans Paris que l'amour
Rafraîchit au printemps
Une valse à mille temps
Une valse à mille temps
Une valse a mis le temps
De patienter vingt ans
Pour que tu aies vingt ans
Et pour que j'aie vingt ans
Une valse à mille temps
Une valse à mille temps
Une valse à mille temps
Offre seule aux amants
Trois cent trente-trois fois le temps
De bâtir un roman

Au deuxième temps de la valse
On est deux tu es dans mes bras
Au deuxième temps de la valse
Nous comptons tous les deux une deux trois
Et Paris qui bat la mesure
Paris qui mesure notre émoi
Et Paris qui bat la mesure
Nous fredonne fredonne déjà

(refrain)

Au troisième temps de la valse
Nous valsons enfin tous les trois
Au troisième temps de la valse
Il y a toi y'a l'amour et y'a moi
Et Paris qui bat la mesure
Paris qui mesure notre émoi
Et Paris qui bat la mesure
Laisse enfin éclater sa joie.

(refrain)


sábado, 17 de diciembre de 2016

El clásico de la semana es...



El clásico de la semana es un clásico navideño de e.e. cummings. 

little tree 
little silent Christmas tree 
you are so little 
you are more like a flower 

who found you in the green forest 
and were you very sorry to come away? 
see          i will comfort you 
because you smell so sweetly 

i will kiss your cool bark 
and hug you safe and tight 
just as your mother would, 
only don't be afraid 

look          the spangles 
that sleep all the year in a dark box 
dreaming of being taken out and allowed to shine, 
the balls the chains red and gold the fluffy threads, 

put up your little arms 
and i'll give them all to you to hold 
every finger shall have its ring 
and there won't be a single place dark or unhappy 

then when you're quite dressed 
you'll stand in the window for everyone to see 
and how they'll stare! 
oh but you'll be very proud 

and my little sister and i will take hands 
and looking up at our beautiful tree 
we'll dance and sing 
"Noel Noel" 

e.e. cummings 

árbol pequeño 
silencioso árbol pequeño de Navidad 
tan chico
tan igual a una flor 

¿quién te encontró en el bosque verde
y te acercó aquí con tu tristeza? 
mira    quiero darte consuelo 
porque cuánto me gusta el dulce olor que traes

voy a besarte en tu corteza fresca
y te daré un abrazo fuerte y apretado
como lo haría tu madre, 
pero no tengas miedo

fíjate      la platilla 
que duerme todo el año en una caja oscura 
soñando que la tomen y la dejen brillar, 
las bolas las doradas y rojas cadenitas y los hilos de nieve, 

levante tus bracitos
y te daré todo para que tú lo tengas
cada dedo un anillo
y ni un solo rincón oscuro y desgraciado 

y ya vestido entonces
muy puesto en la ventana para que bien te vean
¡cómo te mirarán
y estarás de contento!

y mi hermanita y yo cogidos de la mano
contemplaremos nuestro árbol hermoso
y en corro cantaremos 
"Navidad Navidad"


    (traducción de Rafael León, incluida en Poemas, traducción y prólogo de Alfonso Canales, Madrid, Visor, 2000)

domingo, 11 de diciembre de 2016

El clásico de la semana es...

 
   La editorial Kalandraka sigue esforzándose por hacer llegar a nuestras librería, en las cuatro lenguas oficiales al mismo tiempo, clásicos extranjeros de la literatura infantil que estaban sin traducir o cuyas traducciones se habían vuelto difíciles de encontrar. Ahora le ha llegado el turno a Míster Magnolia, un relato rimado del gran ilustrador pero también estimable escritor Quentin Blake que fue publicado en inglés en 1980 y recibió entonces importantes distinciones. 
   Como ya he comentado muchas otras veces en este blog, traducir una obra de poesía infantil encierra siempre no pocas dificultades, pues en los versos escritos para niños suelen abundar recursos fónicos y juegos de palabras que muchas veces encuentran una difícil correlación en otra lengua. De ahí que el traductor se vea obligado a ser infiel al texto para ser fiel al verso; es decir, que casi siempre deba introducir cambios en el contenido para que el ritmo del poema y su carácter poético no se pierdan en la traducción. Además, si la obra es ilustrada y se publica con las ilustraciones originales la tarea se vuelve más difícil todavía, porque el traductor no puede tomarse demasiadas licencias para no contradecir las imágenes que ya le vienen dadas.
   Afortunadamente, la editorial Kalandraka ha elegido para verter al castellano este libro a todo un veterano en estas lides como es Miguel Azaola, cuya labor como traductor ya comentamos a propósito del excelente trabajo que llevó a cabo con las Retahílas de cielo y tierra, de Gianni Rodari. Bien es cierto que en este último caso la dificultad era menor debido al parecido entre el italiano y el castellano, que facilita un poco la tarea, pero en esta ocasión Azaola sale nuevamente airoso al intentar ante todo crear un texto rítmico en una lengua de prosodia tan diferente del inglés como la nuestra. Desde luego, este Míster Magnolia español pasa la que quizás es la prueba de fuego de toda obra traducida: no tener en ningún momento la sensación de que se trata de una obra traducida.
    Tal y como sucedía en la obra que tradujo de Rodari, Azaola se toma ciertas licencias que surgen en principio de las necesidades de la rima, pero que al mismo tiempo suponen una labor de acercamiento cultural del texto al imaginario de los nuevos lectores. En este caso, el texto se ve marcado por la rima que impone el primer verso ("A Míster Magnolia le falta una bota"), lo cual hace que, en la tercera secuencia, nos encontremos con "Tiene 3 batracios / que bailan la jota". Que nadie busque la mención a tan español baile en la versión original (se puede ver aquí), porque no la hay. Pero da igual. El caso es que la ilustración muestra dos ranas bailando sobre un nenúfar en medio de un estanque y el traductor, con un sentido de la oportunidad impecable y un ingenio un tanto nonsense que encaja a la perfección con el espíritu de Blake, hace rimar bota con jota y sale más que airoso del trance. En la secuencia siguiente ("y 4 cotorras / a cual más idiota"), el adjetivo con que califica a los animales, ausente en el original, aumenta de nuevo el tono humorístico del texto en general. Y, más adelante, Azaola aprovecha la propia ilustración para construir la traducción, en un claro ejemplo de adaptación a las necesidades del texto. La imagen de la décima secuencia nos muestra a Míster Magnolia con un dinosaurio morado que tiene a sus pies diez postres, a los que no se hace ninguna mención en el original. Azaola opta por incluirlos en el texto para rematar la serie y llegar hasta el diez ("y un postre en 10 platos / para su mascota") y añadir otra gota de humor absurdo al hacer del dinosaurio la mascota del protagonista. Y, al final, Míster Magnolia "ya puede dormirse / como una marmota", por supuesto.
     Son estos los ejemplos más significativos de las soluciones a las que llega Azaola para hacer que Míster Magnolia suene natural en nuestra lengua y no pierda un ápice de su carácter absurdo pero también festivo, tan frecuente en las ilustraciones y los textos de Quentin Blake. Aquí, desde luego, queda de manifiesto una vez la importancia de las estructuras bien medidas, el ritmo y el sinsentido cuando se escribe para niños, todo lo cual no es un obstáculo para la imaginación sino lo contrario, porque ofrecer a los primeros lectores una estructura cerrada, casi musical, al servicio de una imaginación rebelde y libre, en la que se pueden encontrar las cosas más absurdas (como un dinosaurio de mascota o unas ranas que - en la edición en castellano, al menos - bailan la jota), es una excelente receta para ofrecer una educación literaria de calidad, que enseñe a mirar, a imaginar, a leer y, en definitiva, a pensar de manera autónoma.

Blake, Quentin, Míster Magnolia, Pontevedra, Kalandraka, 2016 (traducción de Miguel Azaola)