martes, 16 de octubre de 2018

Novedades poéticas de la editorial SM



La editorial SM me acaba de enviar por correo un paquete en el que se incluyen tres de las novedades poéticas que acaban de publicar en el inicio de la temporada: Si yo fuera, de Carles Calo, Brujaveleta, José Antonio Lozano Rodríguez, y Mi vida es un poema, de Javier García Rodríguez. No sé si es fruto del azar o si ha habido una premeditación por parte de los responsables de dicho envío, pero el caso es que no me resisto después de haber leído los tres libros a realizar un reseña de todos ellos dividida en tres partes (para no cansar ni saturar al lector), ya que, aunque se trate de tres propuestas muy diferentes entre sí tanto en su apariencia externa como en sus rasgos internos, entre los tres componen un panorama bastante completo de las tendencias poéticas para la infancia y juventud que podemos encontrar hoy en día en el panorama hispánico. 
Además, y no sé tampoco si esto es fruto del azar o de la preparación (y ahora lo mismo da, la verdad sea dicha), se trata de tres obras que corresponden grosso modo a tres estadios distintos de la evolución lectora y que por lo tanto reflejan las posibilidades de la poesía para niños y jóvenes de distintas edades. Así, el libro de Carles Cano, como señala el propio paratexto del libro con acierto (no siempre es así, dicho sea de paso, porque a veces esos mensajes sirven más para despistar que para orientar), es una valiosa muestra de poesía para primeros lectores, mientras que Brujaveletaestaría destinada a un lector mayor, más autónomo y experimentado, y Mi vida es un poema podría ser considerado una muestra de poesía juvenil o para lo que hoy se llama, en una malísima y apresurada traducción del inglés, joven adulto (¿no es más natural traducir Young adult como adulto joven? ¿A qué viene anteponer el adjetivo en español, donde el orden natural es otro?). 
Así, pues, desde Si yo fuera hasta Mi vida es un poema asistimos a un recorrido por las tendencias dominantes de la poesía española infantil y juvenil actual, en la que, por cierto, no hay que olvidar el peso necesario de las ilustraciones en ello, y que centrarán las próximas entradas de este blog. 

jueves, 4 de octubre de 2018

Juan Kruz Igerabide, merecido Premio Nacional de LIJ 2018 (y, de nuevo, por una obra poética)


Juan Kruz Igerabide ha obtenido el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil en su edición 2018 por su obra Abezedario Titirijario. El galardón lo concede el Ministerio de Cultura y Deporte para distinguir una obra de autor español, escrita en cualquiera de las lenguas oficiales del Estado y editada en España durante el pasado año 2017. La dotación económica del premio es de 20.000 euros.
La obra galardonada escrita en euskera, con el título original Letren txotxongiloa, ha sido traducida al catalán (Abecedari pipiridari), al gallego (Abecedario monicredario) y al castellano (Abezedario titirijario).
Juan Kruz Igerabide (Aduna, Guipúzcoa, 1956) es autor de literatura infantil y juvenil, traductor y poeta. Estudió Magisterio y, posteriormente, hizo el Doctorado en Filología. Imparte clases en la Universidad del País Vasco. Ha desarrollado varias investigaciones en el ámbito de la literatura infantil, como Bularretik mintzora: haurra, ahozkotasuna eta literatura (Del pecho al habla: el niño, la oralidad y la literatura. Erein, 1993), y, tras varios libros y poemarios para adultos, en 1995 comenzó a publicar poesía para público infantil, con obras como Haur korapiloak (Trabalenguas para niños. Pamiela, 1997), Botoi bat bezala(Como un botón. Ed. Bilingüe. Anaya-Haritza, 1999), Mintzo naiz isilik (Elkar, 2001. A tus ojos mi voz. La Galera, 2004) o Munduko ibaien poemak (Elkar, 2004. Poemas para los ríos del mundo. Hiperión, 2004) También ha escrito poesía para jóvenes. En narrativa infantil, Igerabide ha escrito más de una veintena de cuentos, como la serie protagonizada por Jonas, que comenzó con Jonas eta hozkailu beldurtia (Aizkorri, 1998; Jonás y el frigorífico miedoso, Everest, 1999), Premio Euskadi en 1999.

miércoles, 13 de junio de 2018

Ferrada por Tabernero

     

"Para leer a María José Ferrada" es la nueva entrada del blog lectoresinfantiles escrita por Rosa Tabernero, donde se plantean las principales claves de la obra de esta autora chilena que, poco a poco, y con propuestas a menudo arriesgadas, se ha hecho un importante hueco en la LIJ (y no solo en ella) hispana. 
Una de sus últimas obras es Mexique, cuyo booktrailer se puede consultar aquí.

martes, 15 de mayo de 2018

"Postales para un año", de Giusi Quarenghi y Anna Castagnoli


Quarenghi, Giusi (textos) y Castagnoli, Anna (ilustraciones), Postales para un año, Barcelona, A buen paso, 2017 
(traducción de Cristina Falcón Maldonado)

Afortunadamente, dentro del campo literario para la infancia cada vez hay más obras que proponen discursos alternativos y que realmente desautomatizan la percepción del lector en varios niveles, remueven su intertexto lector y contribuyen de manera decisiva a su educación literaria al enfrentarle con textos que desafían las convenciones literarias establecidas en el repertorio más extendido de la LIJ. Y que lo hacen, además, no solo desde lo textual y lo visual, sino también desde lo objetual. 
A este tipo de obras pertenece uno de los últimos libros publicados por la editorial A buen paso, dirigida y sacada adelante gracias al entusiasmo incansable de Arianna Squilloni. Se trata de Postales para un año, volumen en el que el texto es de Giusi Quarenghi, las ilustraciones de Anna Castagnoli y la traducción de Cristina Falcón Maldonado. En ella se a un proceso confluyente de desautomatización: textual, visual y objetual. Y, aunque haremos referencia a las dos primeras, nos centraremos sobre todo el la última, dado que es sin duda la que hace de ella una obra particular, original, que inscribe e inaugura un espacio original dentro del repertorio poético infantil actual.  
Postales para un año se inscribe en una tendencia muy específica de la actual poesía escrita para niños, que implica una renovación del género a través del uso de recursos menos usados del repertorio, como el verso libre, el lirismo y un lenguaje literario más imaginista y evocador, elusivo y sutil. Por lo tanto, entronca con una tendencia cada vez más presente del repertorio poético infantil, sin desatender otros rasgos más extendidos en él, como usar un solo tema como pauta constructora del libro. Aquí son las estaciones y el paso del tiempo, los ciclos de la vida. Cada parte corresponde a una de ellas y está estructurada de la misma manera: hay un poema introductorio, que es siempre un haiku, sobre la estación (por ejemplo, en primavera: “Alas violetas / En toda nueva raíz / despunta el vuelo”), y luego una composición lírica dedicada a cada uno de los meses que la componen la estación, de dos versos cada una (“Bienvenido mayo, hábil jardinero /que plantas estrellas y cultivas el cielo”; “Enero tan frío, corazón de hielo / ¿y si te beso, y en mis brazos te llevo?”).  
Así, pues, la desautomatización respecto a la lengua común es evidente, pero la desautomatización respecto al repertorio es relativa, y depende mucho del punto de vista y del intertexto lector de quien lea el libro, ya se niño o mediador. Para un lector acostumbrado a (y al tanto de) las novedades en poesía infantil, una obra así no será demasiado novedosa desde el punto de vista literario, ya que incorporan algunas tendencias crecientes en la poesía infantil (de hecho, la propia Ferrada ganó el premio Orihuela con un libro similar). Para un lector no acostumbrado, sí lo será, por supuesto. 
 Pasemos a otro umbral de creación de significado, que es el visual y el objetual. Dicho umbral no debería ser tenido en cuenta en obras ilustradas de forma independiente y separada, ya que la imagen en los libros ilustrados, a pesar de que tenga entidad estética en sí misma, no está concebida para ser contemplada de manera independiente, y sí para ser vista en relación con el texto al que acompaña. Así, lo que hay que tener en cuenta aquí es eso precisamente, la manera en que se produce la relación entre texto e imagen y hasta qué punto de ello se deriva una lectura y una percepción desautomatizada. 
En general, las dinámicas de relación que se producen entre el texto y las ilustración en estos dos libros son más similares a las de un álbum que a las de un libro ilustrado, ya que Anna Castagnoli, con sus delicadas y líricas ilustraciones, rehúye la redundancia para establecer diálogos con el texto que sobrepasan la simple reproducción de contenido. 
Pero lo que realmente hace a este libro una obra literaria desautomatizada – y con eso queremos decir que nos obligan a pararnos a mirar, a pararnos a ver, a mirar mejor, a leer mejor – es el formato. Es este el que dirige y configura un tipo de lectura distinto, más consciente y menos automática; sin ese formato, la obra sería totalmente distinta. No mejor ni peor, pero sí distinta. 
Postales para un año nos propone, pues, un itinerario y un ritmo de lectura en cierto modo diferente porque se da un orden distinto entre texto e ilustración, que sin embargo resulta completamente pertinente con la obra en su conjunto. 
Normalmente, en los libros de poesía para niños, y sobre todo en los poemarios ilustrados (no tanto en los álbumes líricos) suele establecerse la misma relación entre poema e imagen: el primero va en la página par y la segunda en la página impar, manteniendo así la unidad de la doble página que es tan habitual en los libros ilustrados y los álbumes. Así, cuando el lector pasa la página, encuentra esa doble unidad, de tal manera que hay una primera aproximación más superficial y rápida a la ilustración, quizás un rápido vistazo, que luego se completa con la lectura de los versos, después de la cual se puede volver a la ilustración para completar el significado y rematar la lectura. En Postales para un año no es así. En postales para un año encontramos primero la imagen, en la página impar, y el texto que va con ella detrás, en la par. De esta manera, se mantiene la distribución más habitual pero subvirtiendo el orden y, por lo tanto, el acceso al contenido doble que proponen texto e imagen. Esto crea una dinámica de lectura diferente, porque, una vez leído el texto, el lector se ve obligado generalmente a volver de nuevo la página para cotejarlo con la ilustración, para confirmar ese diálogo. Esta es la dinámica que encontramos a lo largo de todo el libro. 
¿Cuál es la razón principal para ello? Claramente, reproducir la dinámica comunicativa que se establece cuando se recibe o se ve una postal, en la que tendemos a mirar primero la fotografía (que es la razón de ser de las postales, al fin y al cabo), en la propia lectura del libro, de tal manera que se establece una ceremonia lectora distinta de la que se da en un libro de poemas convencional. 
        Ulteriormente, y además de esta ceremonia lectora que se propone aquí, este libro se puede convertir en una obra de arte exenta, y hasta en un objeto decorativo. Decorativo es una palabra fea, tal vez, para hablar de libros, pero aquí no resulta desacertada. En el caso de Postales para un año, cada una de las postales está troquelada de tal manera que permite la separación de la misma del cuerpo del libro para separarlas y usarlas como se quiere: como postales propiamente dichas, como tarjetas que acompañen un regalo, como láminas enmarcadas llenando una pared. Con eso, Postales para un añoes un libro que, sin dejar de serlo, trasciende su propia condición de libro para dar un paso adelante, para convertirse en objeto. Solo el lector decidirá al final qué querrá hacer con él. 

lunes, 16 de abril de 2018

martes, 27 de marzo de 2018

Poemar el mar

   Poemar o mar, el poemario de Antonio García Teijeiro que reseñamos aquí hace unas semanas y que ganó el Premio Nacional de LIJ 2017, acaba de ser publicado en castellano. Más información, aquí.

lunes, 26 de marzo de 2018

Más libros, ¿más libres?


   El próximo 4 de abril tendré el placer de intervenir en la jornada "Más libros, ¿más libres?", que organiza la profesora Patricia Mauclair en la Université de Tours y en la que también participan otros agentes relacionados con la LIJ, con la ponencia "De colores y valores: reivindicación de la obra de arte infantil en la era del artificio".

miércoles, 21 de marzo de 2018

Feliz día de la poesía


La poesía es búsqueda del resplandor


La poesía es búsqueda de resplandor.
La poesía es un camino real
que nos lleva hasta lo más lejos.
Buscamos resplandor en la hora gris,
al mediodía o en las chimeneas del alba,
incluso en el autobús, en noviembre,
cuando al lado dormita un viejo cura.
El camarero en el restaurante chino
estalla en llanto y nadie imagina por qué.
Quién sabe, quizás esto también es una búsqueda
que se parece a un instante a la orilla del mar,
cuando en el horizonte aparece un barco rapaz
y se detiene, paralizado largo tiempo.
Pero también, momentos de profunda alegría
e incontables momentos de angustia.
Déjame ver, por favor.
Déjame persistir, por favor.
Al atardecer cae una fría lluvia.
En las calles y avenidas de mi ciudad
en silencio y con fervor trabaja la oscuridad.
La poesía es búsqueda de resplandor.


(Adam Zagajewski, De Regreso, 2003)

miércoles, 14 de marzo de 2018

¿La poesía sirve para vender colonias? (sobre poesía, educación poética, cultura popular, arte y artificio)


   
  Siempre me ha llamado la atención la manera tan natural en que los anglosajones suelen incluir en películas y series de televisión fragmentos poéticos o poesías completas, sin asomo alguno de pedantería o esnobismo y muy bien integradas en la trama. Por eso, no son pocos los poemas de autores ingleses y norteamericanos que he conocido a través de escenas de películas y series, y no son pocas las películas que me han llevado a interesarme por la obra de un poeta que conocía pero que jamás había tenido la curiosidad de leerlo y a dejarme acunar por la melodía de sus versos.
    Gracias, por ejemplo, a una película que se puede considerar un clásico contemporáneo, Los puentes de Madison, conocí por primera vez uno de mis poemas preferidos, The Song of Wandering Aengus, al que se aludía sutilmente en algunas escenas. Y gracias a una película hoy un tanto olvidada y que pasó sin pena ni gloria, En sus zapatos, protagonizada por Cameron Diaz, Toni Colette y Shirley McClaine y dirigida por el ya fallecido Curtis Hanson, conocí un magnífico poema de Elizabeth Bishop que hasta entonces no había leído ni escuchado, One Art, y me reencontré con un poema de e.e. cummings que ya conocía, i carry your heart with me (i carry it in my heart), pero que recuperé entonces. 
  Todo esto es una muestra irrefutable de que la educación literaria no es un proceso que se da solamente en la escuela y en las aulas y en un periodo concreto de la vida (los años escolares y de formación), sino más bien un proceso largo, más caótico y disperso de lo que parece a simple vista, y que se nutre de distintas fuentes y de distintos materiales. El cine es una de esas fuentes, y sería inútil negar que la idea de lo literario que adquieren muchas personas hoy en día proviene de sus vivencias en las salas de cine o en las salas de estar de sus casas, a través de Internet, las televisiones y de las plataformas de pago.
   Esta Navidad me llevé una sorpresa cuando escuché el mismo poema de e.e. cummings que aparecía en En sus zapatos, i carry your heart with me (i carry it in my heart), en un anuncio de Calvin Klein, en concreto el de su colonia Eternity. El anuncio era, todo hay que decirlo, un prodigio de sutileza perfectamente dirigido a un consumidor concreto (target, se diría en la jerga publicitaria) que juega con la emotividad para vender colonias, en la línea del storytelling que hoy reina por doquier en los reinos de la publicidad (denunciada por cierto hace poco por Chomsky en una entrevista en Babelia) y que ha dado a la cultura popular clásicos modernos como algunos anuncios de la lotería de Navidad de honda y un tanto tramposa emotividad. Sin más. En el anuncio, una familia inconvencionalmente bella como calculadamente birracial (Jake Gyllenhaal, una modelo afroamericana y un niño que se presenta como el hijo de ambos, por deducción lógica) se prodiga muestras de cariño mientras dos voces en off, una masculina y otra femenina, recita los versos del hermoso y muy comprensible (una cosa no está reñida con la otra, desde luego) poema de e.e.cummings. 

   
   Lo primero que pensé cuando vi este anuncio fue que en él se producía una reformulación semiótica de la poesía al ponerla al servicio de un acto en principio tan vulgar y poco ligado a lo poético como es vender colonias. Porque si la poesía es el reino del arte, tal y como lo entendería Martel, la publicidad sería el del puro artificio, en el sentido de que esta ha sido creada para obtener de su receptor una respuesta concreta y única, la compra, mientras que la primera está concebida como un mensaje plurisignificante cuya mayor aspiración es no agotarse nunca y engendrar un sinfín de reacciones e interpretaciones. En este caso, el artificio lo es aún más, en un doble sentido, ya que se trata de crear una apariencia de realidad (una familia que no existe) para que el consumidor aspiracional se fije en ella como modelo de conducta, bendecida además por el halo intemporal y arquetípico que confiere a cualquier imagen el blanco y negro. 
  Tal prodigio publicitario despierta en mí varias preguntas. ¿Cuántas personas que hayan visto el anuncio se han apresurado a bucar en google el verso más importante del poema y han pasado con ello ha descubrir el poema y de paso a e.e.cummings? ¿Cuántos se han molestado en hacerle con algún libro suyo y leerlo? Es una incógnita, desde luego, pero con que haya una sola persona que haya ido a buscar el libro en vez de a comprarse la colonia, el arte habrá triunfado sobre el artificio, o al menos se habrá puesto a su misma altura. Pero mucho me temo que de este anuncio sacarán más rédito Calvin Klein que los herederos de cummings. 
   Y, ya que nos ponemos a pensar en posibilidades y a fabular, hay otra pregunta que me surge de manera natural: ¿cuál sería la posible alternativa en España? ¿Un poema de García Lorca para un anuncio de Vittorio y Lucchino, por aquello de mantener las afinidades regionales? ¿Uno de Rosalía de Castro para una colonia de Roberto Verino o de Adolfo Domínguez, por seguir con lo mismo? ¿Salvador Espriu para vender fragancias de Puig? Cuesta imaginarlo, en principio, pero todo es posible en el arte. O en el artificio. 


jueves, 8 de marzo de 2018

Todo necesita del silencio. Cecilia Bajour: respiración, cuerpo y pausa en la poesía infantil contemporánea

   

 

     Es bueno siempre descubrir que hay personas que, aunque lejos geográficamente, comparten con uno las mismas coordenadas poéticas. Es lo que sucede con Cecilia Bajour, quien ya es autora de una de las referencias inexcusables cuando se habla de poesía para niños en español (el artículo Nadar en aguas inquietas). Ahora Alfonso Córdova, responsable del blog Linternas y bosques, nos regala una estupenda entrevista con ella en la que nos regala hondas y pertinentes reflexiones, y nos hace muy sustanciosas recomendaciones. Una muy recomendable lectura para quien quiera saber por qué aguas navega la poesía infantil hispana de hoy en día. 

viernes, 2 de marzo de 2018

Premio Fundación "Cuatro Gatos" 2018

 
   Cada principio de año, como si se tratara de uno de las grandes entregas de premios con los que el cine de Hollywood y de otras industrias se celebra a sí mismo, la Fundación "Cuatro Gatos", con sede en Miami, pone de tiros largos a la Literatura Infantil y Juvenil hispana y selecciona los libros que considera más destacados de entre los publicados en el año anterior. La selección siempre nos descubre que en ámbito de esta lengua compartida entre las dos orillas se publican siempre libros de gran calidad y muy innovadores que, desafortunadamente, no siempre son fáciles de conseguir en España. Y, por mi parte, he de agradecer a sus responsables que siempre incluyan en su lista de ganadores, finalistas y seleccionados una cantidad importante de libros de poesía infantil. Este año, entre los primeros, me alegra especialmente encontrar a la poeta argentina Cecilia Pisos, vieja conocida de este blog, con Esto que brilla en el aire, así como a otras autoras que hemos reseñado alguna vez, como María José Ferrada o Mar Benegas. Es la prueba, quizás, de que se está construyendo un canon sólido en la poesía hispana para niños.
     Se puede consultar la lista aquí.

lunes, 26 de febrero de 2018

Poemar o mar



García Teijeiro, Antonio, Poemar o mar, Vigo, Xerais, 2016 (ilustraciones de Xan López Domínguez)

No se me ocurre mejor manera de volver a la actividad – esperemos – normal y continuada en este blog, con el que he sido un poco descuidado y negligente en los últimos tiempos por diversos motivos que ahora mismo no vienen al caso, que reseñando aún a principios del año 2018 uno de los acontecimientos de la poesía infantil hispánica del pasado. Porque eso es sin duda Poemar o mar, un poemario con el Antonio García Teijeiro añade un jalón más en su larga trayectoria poética, bien conocida por los lectores infantiles y por todos los que nos dedicamos en alguna medida a las letras escritas para niños, y más aún en el ámbito de la LIJ gallega, donde es uno de los clásicos vivos ya. Poemar o mar, aunque publicado en 2016, merece ser sacado a colación ahora por dos razones fundamentales.
La primera de ella es la más evidente y la que – he reconocerlo así, porque es la verdad – ha hecho que yo conociera este libro publicado en gallego, aún no traducido al castellano y, por lo tanto, circunscrito por un tiempo al sistema literario infantil de su lengua original. Se trata ni más ni menos de la concesión al mismo del Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil en su última edición. Es, como vengo diciendo, un acontecimiento porque hay muy pocos libros de poesía para niños que lo hayan logrado. El último fue Miquel Desclot (con un libro en catalán, por cierto, Més música, mestre), y antes solo existía el precedente de Carmen Conde en 1987, con Canciones de nana y desvelo. El hecho de que se trate de un libro en gallego y de poesía es reseñable, pues parece que en esta ocasión el jurado no tuvo reparos en mirar a la periferia lingüística y literaria y premiar una obra de indudable calidad, aunque no pertenezca a las corrientes principales de la LIJ peninsular. Pero esta misma circunstancia nos debería hacer reflexionar sin duda sobre la poca permeabilidad que existe entre los distintos sistemas literarios infantiles de la península, ya que yo mismo no tengo reparos en reconocer que este libro no habría llegado a mis manos y por lo tanto a este blog a no ser que hubiera sido galardonado por el Premio Nacional de LIJ. Es algo que deberíamos, entre todos, hacérnoslo mirar, aunque quizás no sean estos los mejores momentos para reivindicarlo.
Sin embargo Poemar o mar es sobre todo un acontecimiento porque se trata de una obra literaria de indudable calidad, un ejemplo indudable de cómo se puede renovar un tópico literario ya muy tratado, como el mar, y hacerlo con una propuesta literaria completamente apta para niños pero plena de relumbrón poético. Más aún si tenemos en cuenta que forma y culmina una trilogía dedicada al mismo tema y compuestas también por los volúmenes En la cuna del mar y Palabras do mar, que no he tenido aún la oportunidad de leer (cosa que tampoco me importa reconocer desde aquí).  
Como la mayor parte de los libros de poesía escritos para niños, todos los poemas que forman Poemar o mar giran en torno a un tema central que queda destacado desde el título. Esto suele ser muy habitual, porque es una manera de introducir a los niños en la lectura a través de un peritexto orientativo que les haga saber cuál es el tema del libro. Sin embargo, en este caso, el título está muy lejos de ser solo informativo o denotativo. En el título encontramos ya toda una declaración de intenciones estética, no solo temática, que recoge el espíritu del poemario y que nos adelanta lo que después el lector va a encontrar. Poemar o mar significaría “Poemar el mar”, es decir, hacer poético el mar, o llevar el mar a la poesía, y elige el autor, en un hallazgo morfológico deslumbrante, hacer un verbo de la palabra poema y ofrecer un título ya rimado y con indudable gancho (y, por cierto, fácil de traducir al castellano). La poesía – nunca me cansaré de repetirlo – consiste sobre todo en sacar a través del lenguaje ese envés oculto y a la vez iluminador que se oculta tras las cosas más prosaicas que estamos acostumbrados a ver día a día, y en este sentido Poemar o mar lo hace con una realidad que a buen seguro para el autor – permítasenos un poco de fabulación, ya que no le hemos preguntado –  es una realidad con la que convive día a día, a la que ha interrogado durante sus años de vida y de la que ha obtenido algunas respuestas tal vez inesperadas. Pero, aunque no fuera así, el mar ha conformado el imaginario gallego, y, en consecuencia, Poemar o mar no solo se ofrece como una tentativa de trascender una realidad ya existente, sino también de adentrarse en las galerías del imaginario que el ser humano ha construido a partir de ella. Pues no es otra, en definitiva, la función final de la poesía. 
Antonio García Tejeiro echa mano en Poemar o mar de una variedad de recursos realmente asombrosa y deslumbrante, lo cual demuestra que se trata ya de un poeta en la plenitud de su obra, con gran dominio de sus registros, pero que no se duerme en los laurales de la versificación fácil. El volumen es en sí mismo un excelente testimonio de lo que la poesía para niños – la buena poesía para niños, por supuesto – puede dar de sí y a qué cotas puede llegar sin caer en la reiteración y en la autoindulgencia. Así, durante estas páginas podremos encontrar poemas que personifican el mar (“Quere o mar o que non ten: / quere flores / de colores / quere rosas / olorosas”; “Ten trenzas / o mar?”; “O mar / anda murcho / e teme dicir / que o lixo dos homes / o quere ferir”) y que en ocasiones cobran una dimensión humorística que sirve de descargo al lirismo predominante (“Cando lle dixeron ao mar / que tiña la tensión alta, / quiso deixar o sal / e converterse nun estanque”; “Nunca dixo o mar / que o mareaban / as ondas. / Por iso, sen dicirllo a ninguén, / toma pílulas / de algas”). Tampoco renuncia el autor a hacer guiños a una poesía más narrativa con ecos de romance en algunos momentos (“Unha serae poeta…”; “Era un meniño algo rato”; “Perdéronse uns mariñeiros”), y tampoco a incluir a veces recursos propios de la poesía popular, como enumeraciones y las reiteraciones, que la mayor parte de las veces saben conectar con el lector infantil al usar elementos de su propio imaginario para hablar del mar, con las notas musicales o los colores. Hay, además, sitio para las imágenes audaces e iluminadoras, la reflexión metapoética, para el culturalismo (en la serie CATRO POETAS CONVERSAN NA BEIRA DO MAR, dedicada a Rafael Alberti, Juan Ramón Jiménez, Juan Kruz Igerabide y José Carlos Martín Ramos, estos últimos grandes poetas para niños de hoy), la reflexión metapoética (“Atopei / unha palabra / que rima / co sorriso do mar: sorrimar”) o la creación de haikus, al final, que ya se ha convertido en una estrofa bastante habitual de la poesía hispana para niños.
Este intento de ofrecernos una cara inédita del mar a través de las palabras encuentra su réplica en el trabajo del ilustrador, Xan López Domínguez. Poemar o mar no es un álbum poético, es decir, un libro en el que haya una trabazón tal entre texto e ilustración que estas se conviertan en algo imprescindible; se trata más bien de un libro de poesía ilustrado – lo cual no es ninguna crítica, ni está dicho en sentido peyorativo – de pequeño formato y tapa blanda, pensado, según el peritexto orientativo de la contracubierta, para niños de nueve años en adelante, lo cual – y esto sí es una crítica – me parece un poco exagerado, porque creo que en el interior del libro hay poemas que un niño más pequeño puede disfrutar. En cualquier caso, y sea la edad que sea, se trata de un volumen concebido para lectores ya autónomos y más experimentados, que siguen agradeciendo la ilustración para tener un asidero interpretativo y una ayuda fabuladora, pero a los que ya no les hacen falta las imágenes para la lectura. Aun así, las ilustraciones en este libro tienen una presencia importante, ya que acompañan a casi todos los poemas. Y he aquí que, de la misma manera que para el poeta escribir sobre el mar puede ser un desafío, para el ilustrador también lo es, y en un doble sentido: por una parte, porque debe huir de los tópicos visuales que existen ya sobre el motivo; y, por otro lado, porque ha de dar réplica en la medida de lo posible al mundo poético que crean los propios versos. En sus ilustraciones, con gran protagonismo de la línea y el dibujo y de trazos limpios, López Domínguez opta por huir lo más posible de la representación directa del mar, que aparece en contadas ocasiones a lo largo de las páginas y siempre de una misma manera estilizada y casi sólida, que recuerda a caracolas y funciona de leit motif no invasivo. Por lo demás, el ilustrador evita, a mi juicio con gran acierto, personificar el mar de manera plana y fácil y propone soluciones menos evidentes, como ocurre en el poema, ya citado, “Quere o mar o que no ten”, en el que vemos un gato soñador, pero tampoco tiene reparos en usar representaciones más literales de los poemas narrativos o en proponer soluciones cercanas al poema visual, a través de metáforas y superposiciones. De esta forma, al igual que el poema evita la repetición de recursos, el ilustrador hace lo propio con la reiteración de soluciones visuales.
Pero lo que, a mi juicio, mejor caracteriza Poemar o mar es el juego tipográfico que se establece a lo largo de todas sus páginas, más que nada porque en este caso, como en muchos otros, se puede decir que la tipografía es el mensaje, y al igual que el mar va y viene hacia la tierra en un proceso invasor y a veces destructor e incontenible que no podemos como hombres controlar, la poesía en estas páginas en blanco se desbordan y se expanden con la imprevisibilidad de las olas, que tienen siempre el mismo movimiento pero que nunca se sabe dónde van a llegar, si van a alcanzar un punto más alejado de la orilla o van a saltar y dar una pirueta más audaz en el aire. Así, los versos de García Teijeiro se van desplegando por el papel de manera imprevisible, de modo que volver la página es exponerse a la imprevisibilidad y el capricho del lenguaje poético, de la misma manera que pasear por la orilla del mar y detenerse a contemplarlo es exponerse a su propio carácter indescifrable y fascinante. Por ello, quizás, nunca mejor elegido el título de este libro: Poemar o mar.