jueves, 10 de abril de 2014

El clásico de la semana es...

Celebración de la palabra: Eduardo Lizalde y José Emilio Pacheco para niños, que fue publicado en México para celebrar los 80 y 70 años de ambos autores, respectivamente, e incluye una magnífica selección de poemas del segundo, recientemente fallecido.

En la playa 

Lo que la arena dice al mar tal vez sea: 
- No te serenes nunca. Tu belleza
es tu absoluto desconsuelo.
Si encontraras sosiego 
perderías tu condición de mar. 
Si te calmas 
dejará de fluir el tiempo.

Dragones

El que derrota al monstruo
y ocupa su lugar
se vuleve el monstruo. 

El espejo de los enigmas 

Cuando el mono te clava la mirada 
estremece pensar si no seremos 
su espejito irrisorio y sus bufones. 

Lección de estilo

Lección de estilo: los sapos
a orillas de su charca,
bien sentaditos,
frescos, felices,
con la piel húmedad por el calor del verano
parecen dar las gracias por su breve existencia.

Celebración de la palabra. Eduardo Lizalde y José Emilio Pacheco para niños, México, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 2009.

 


martes, 8 de abril de 2014

Retahílas de cielo y tierra


Rodari, Gianni, Retahílas de cielo y tierra, Madrid, SM, 2013 (ilustraciones de Tomás Hijo). 


A Oscar, grazie per il tuo aiuto.
 
A estas alturas, es incuestionable la importancia del italiano Gianni Rodari (1920-1980) para la literatura infantil europea y la influencia de su difundidísima Gramática de la fantasía en la manera actual de entender la educación literaria y la didáctica de la lengua y la literatura. Prueba de su huella es que se siguen publicando y reeditando sus obras, incluso en España, donde la editorial SM ha creado recientemente una Serie Rodari dentro de su colección El Barco de Vapor. Después de los dos primeros volúmenes, Veinte historias más una y El planeta de los árboles de Navidad, ilustrados por Fran Collado, llegan estas Retahílas de cielo y tierra, traducción de las Filastrocche in cielo e terra publicadas en Italia 1960 con ilustraciones del no menos legendario artista y diseñador italiano Bruno Munari. Esta edición no conserva, empero, dichas ilustraciones, y va acompañada por otras creadas para la ocasión por Tomás Hijo. Este cambio, y el hecho de que se trate de poesía traducida, invita a llevar a cabo una reflexión sobre este libro nuevo, pues podría ser visto como una versión del original y no solo como una mera traslación a otra lengua: en primer lugar, porque la traducción de la poesía, sobre todo de la infantil, tan marcadamente rítmica, exige tomar decisiones constantemente y separarse del original y de la literalidad en aras de mantener el espíritu del texto, aun traicionando la palabra; y, en segundo lugar, porque cambiar las ilustraciones implica tomar cambiar el libro en su conjunto como artefacto paratextual, máxime si se tiene en cuenta que las de Tomás Hijo, excelentes en sí mismas, poco o nada tienen que ver con las originales de Bruno Murari.
         Pese a todas las dificultades que conlleva verter a otra lengua la poesía, hay que decir que en la traducción de Miguel Azaola se mantienen bastante frescos los juegos de palabras e ingenios del original, así como la característica y reconocible mirada que Rodari arroja sobre la realidad. Tal vez ayuda mucho el hecho de que se trate de dos lenguas parecidas, aunque ello no evita que el traductor se vea obligado a tomar decisiones para acercar el original a los lectores españoles. Por ejemplo, con el cambio de ciertas referencias geográficas, de manera que  “Sul diretto di Campobasso / ho visto un signore grasso grasso” se convierte en “En el rápido de Alicante / vi un hombre gordo como un elefante”, con una comparación añadida que amplía el texto original, que solo tenía una duplicación; o “Tre pescatori di Livorno / disputarono un anno e un giorno” pasa a ser “Tres pescadores de Almería / discutieron un año y un día”. En otras ocasiones, en cambio, las referencias geográficas se dejan tal cual (por ejemplo, en La luna de Kiev), y en un caso concreto al traductor no le hace falta españolizar los versos porque ya lo eran. Así, el poema Tre dottori di Salamanca se mantiene como Tres doctores de Salamanca, y otro verso del mismo (“Tres dottori di Saragozza”) pasa a ser “Tres doctores de Zaragoza”. En algunos momentos, eso sí, el traductor usa algunas amplificaciones que sirven para dar también un aire más hispánico y popular a los textos, acorde con el original y con el tema y el tono del poema, como en el comienzo de El mago de la Nochebuena (“Si yo fuera el mago de la Nochebuena / creo que armaría la marimorena”, réplica de “S’io fossi il mago di Natale / farei spuntare un albero de Natale”). Pero todas estas decisiones sirven para que la mirada y el verbo de Rodari (quizás especialmente afortunados en la primera parte, La familia Puntoycoma, donde la tipografía alcanza cotas metafóricas muy altas, y en Los colores de los oficios) se mantengan fresca en la traducción, que es literal cuando tiene que serlo, y libre cuando no queda más remedio, por bien del texto en su conjunto.  

Lo que hace de esta edición española una nueva versión del libro, y no una mera traslación a otra lengua, son sin duda las ilustraciones. Ya anteriormente, en Italia, estas Filastrocche se publicaron con ilustraciones que poco o nada tenían que ver con las de Munaria, pues eran más convencionalmente figurativas. Para la edición española se ha seguido esa misma línea al escoger las ilustraciones de Tomás Hijo, que encajan más con la línea editorial de la serie Rodari de la colección, en la que es difícil, en cambio, imaginar las de Munari. Porque ambas ilustraciones son tan distintas que casi parece que estamos ante dos libros diferentes, sin ninguna relación entre sí.  
Según dice Bruno Munari en El arte como oficio, “un buen libro para niños, de los tres a los nueve años, debiera narrar una historia muy elemental y mostrar figuras enteras, en colores, muy claras y precisas”. Quizás siguiendo esta idea ilustró Munari estos versos de Rodari, ya que estamos ante un libro de formas – más que de figuras – claras y precisas, pero que muchas veces no se convierten en figuras reconocibles, pues predomina sobre todo la línea y el color, más que la construcción de figuras. Así, en muchos casos estas ilustraciones producen la sensación de que las retahílas no están ilustradas –porque no hay una plasmación visual de los textos – sino decoradas. Además, es una ilustración que surge del blanco, de aspecto abocetado, similar a un garabato infantil, en las que hay una presencia constante del vacío sobre el que se traza la línea y con el que esta entabla un diálogo. Este aire inacabado invita al lector a amplificar el texto, no imponiendo una imagen sino facilitándole un trampolín desde el que imaginar.  
Las imágenes de Tomás Hijo, en cambio, son mucho más ilustrativas y figurativas. Aquí ya no estamos ante el imperio de la línea y del vacío que veíamos en las de Munari, sino más bien en el del relleno, pues las ilustraciones componen realmente figuras y llenan el vacío, hasta el punto de que, por ejemplo, la doble página que preside cada una de las secciones está completamente dominada por colores. En algunos momentos, como pasaba con las de Munari, el texto y la ilustración dialogan en la página, y aquel se introduce en esta, pero aquí la relación es más de superposición que de adición. Aparecen elementos planos superpuestos, y en muchos casos se usa el collage como técnica. En general, las ilustraciones están marcadas por una estilización geométrica de las formas y por un uso de colores casi saturados, incluso con textura simulada, lo cual les confiere una materialidad de la que carecían las de Munari.
 El libro resultante es, por lo tanto, muy distinto en ambos casos, y esto nos permite ver que tal vez la ilustración sea una cuestión de perspectiva, es decir, de punto de vista. En ella cuenta también desde dónde ve el texto. Puede que Munari lo viera como una pieza moderna de un renovador de la literatura infantil como era Rodari en aquel entonces, y que por eso creara estas ilustraciones tan volcadas hacia la abstracción y en las que tan bien se palpa la gestualidad. De ahí que parezcan propias de una época en la que se estaban definiendo códigos y lenguajes y en las que las opciones estaban mucho más abiertas, porque la ilustración infantil era un campo menos codificado. Tomás Hijo, por el contrario, ha hecho un trabajo más ilustrativo en el sentido más convencional (pero no peyorativo) del término, con imágenes que en general sí ilustran el texto y llenan las páginas. Y lo ha hecho tal vez porque se trataba de un clásico, en una colección que lo canoniza y que demanda por lo tanto un estilo más establecido. Además, al contrario que Munari, estamos en un momento en que, pese a la gran variedad de opciones estilísticas que existen dentro de la ilustración infantil, hay cierto código semiótico establecido y ciertas tendencias dominantes especialmente identificables en España, como, por ejemplo, el uso del collage, del ensamblaje y del poema visual, presentes en esta edición.
Así, pues, no cabe preguntarse si las ilustraciones de Munari son más modernas que las de Hijo, o viceversa, o si son mejores, o peores, pues esas preguntas parten de un punto de vista equivocado. No se trata tanto de preguntarse por el valor de las ilustraciones sino de calibrar su efecto sobre el texto y sobre el libro como conjunto de imagen y palabra. Y es ahí donde reside la diferencia. Porque mientras que las ilustraciones de Munari parecen mirar a un futuro que también convocan los poemas de Rodari al reflejar diversos aspectos de un imaginario moderno en 1960 (los oficios, la tipografía, el tren, el espacio, etc.), las de Hijo, en cambio, miran al pasado en la medida en que el universo reflejado por Rodari para nosotros plasma un mundo pretérito y de encanto tanto vintage. De ahí que cada uno haya ilustrado desde ese punto de vista. Y de ahí que el texto, como obra abierta que es, cambie con cada ilustrador como cada pieza musical varía con distinto intérprete. No en vano Umberto Eco, cuando propuso su concepto de obra abierta, lo hizo pensando en la música. En este caso, la partitura de Rodari es la misma, pero no suena igual tocada por las manos de Munari y de Hijo. Y, aun así, se trata de dos interpretaciones igual de válidas.      

lunes, 7 de abril de 2014

Haikudanzas (5)

Nespresso

Locomotora
con aroma y sabor:
pulsa un botón.


(Lucía Garía Gimeno, Judit López Adelbas y Alejandra Torres González)

Televisión 

Antes fue cebra,
mil historias te cuenta
siendo arcoíris.

(Sonia Ruiz Lambán, Paula Soria Doñate, Vanessa Tena Gil)

Carretera 
 
El río corre,
pececitos esperan
y barcos vuelan. 


(Pilar Martín Abril, Esther Galo Lozano, Beatriz Gómez Baselga)


Internet 

Un libro abierto
en el que todo está
a solo un clik.

(Marta Castiñeira Romero, Dunia Cózar Richard, Ana Cuartero Tabuenca)

Hamburguesa

Abres la boca,
disfrutas del momento
sin pensar mucho.

(Sonia y Marta) 

Ordenador

Piano cuadrado
de muy larga memoria;
marino eres.

(Javier Martín, Ricardo García, David Catalán, Víctor Docón).

 (Adivinanzas en forma de haiku escritas por mis alumnos de Literatura Infantil y Juvenil del Grado de Maestro en Educación Primaria de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas (Teruel) de la Universidad de Zaragoza).

domingo, 6 de abril de 2014

El clásico de la semana es...

Este magnífico poema de José Hierro, con el que se demuestra que poesía y alegría sí riman.


Hay que salir al aire,
¡deprisa!
Tocando nuestras flautas,
alzando nuestros soles,
quemando la alegría.
Hay que irradiar el día,
apresurar el paso,
¡deprisa!
Antes que se nos eche
la noche encima.
Hay que salir al aire,
desatar la alegría,
llenar el universo con nuestras vidas,
decir nuestra palabra
porque tenemos prisa.
Y hay muchas cosas nuestras
que acaso no se digan.
Hay que invadir el día,
tocando nuestras flautas,
alzando nuestros soles,
quemando la alegría. 

jueves, 3 de abril de 2014

La poesía infantil, en el “El País”


 Con motivo del día de la LIJ, El País publicó ayer un artículo de Javier Salvatierra titulado “El momento de la poesía para niños”, en el que se citan testimonios y opiniones de diversas personas ligadas a la poesía infantil (Mar Benegas, Jesús Munárriz, Xosé Ballesteros) para trazar un retrato aproximado del género en España. Las conclusiones principales del artículo son dos: por un lado, que la poesía sigue siendo un género minoritario comparado con el auge de otras manifestaciones de la LIJ; y, por otro, que el auge del álbum ha beneficiado a la poesía infantil, hasta el punto de que casi se puede hablar de un nuevo subgénero: el álbum-poema o álbum-poemario. Y, a pesar de ser un artículo de divulgación y dirigido a un público amplio, la visión que proporciona del género es bastante ajustada.

Se puede leer aquí.

miércoles, 2 de abril de 2014

FeLIJcidades

Feliz día de la literatura infantil y juvenil a todos (y gracias a Merche por la foto).

martes, 1 de abril de 2014

Convocado el VII Premio Internacional "Ciudad de Orihuela" de poesía para niños


BASES COMPLETAS DEL CERTAMEN

La concejalía de Educación del Ayuntamiento de Orihuela, en colaboración con el sello editorial Faktoría K de Libros, convoca el VII Premio Internacional de Poesía para niños «Ciudad de Orihuela» de acuerdo a las siguientes bases:

1. Podrá optar al VII Premio de Poesía para niños «Ciudad de Orihuela» cualquier persona mayor de edad con un libro inédito, en castellano, no premiado anteriormente en ningún otro certamen, y dedicado a poesía infantil. Quedan excluidos los ganadores de las anteriores ediciones y los empleados del sello editorial Faktoría K.

2. Las obras se presentarán por quintuplicado, mecanografiadas a doble espacio, y escritas por una sola cara. Tendrán un mínimo de 300 versos y un máximo de 500.

3. En las obras presentadas no podrá aparecer en ningún caso el nombre del autor o autora; en su lugar deberá figurar un lema o seudónimo. Los datos personales de los participantes se adjuntarán en un sobre cerrado, en cuyo exterior se anotará el título de la obra y el lema o seudónimo; en su interior constarán el nombre completo, dirección, teléfono de contacto, correo electrónico y se incluirá el número del DNI o pasaporte, así como una breve reseña biográfica.

4. Las obras serán enviadas o entregadas en el Registro General del Excelentísimo Ayuntamiento de Orihuela, C/Marqués de Arneva nº 1, 03300 Orihuela, especificando en el sobre Para el IV Premio de Poesía para niños «Ciudad de Orihuela». En los envíos que se entreguen a través de agencias de transportes, no podrá figurar el nombre del autor o autora.

5. El plazo de presentación de originales se inicia con la publicación de estas bases, el 21 de marzo de 2014, y finaliza el 19 de septiembre de 2014, a las 12:00 horas. El fallo del jurado se hará público el 30 de octubre de 2014, coincidiendo con el aniversario del nacimiento de Miguel Hernández.

6. El jurado del premio estará compuesto por personas de reconocido prestigio en el área de la literatura para niños. Actuará de secretario o secretaria una persona que designen las entidades organizadoras. El premio podrá declararse desierto y el fallo del jurado será inapelable.

7. Se establece un único premio, dotado de 5.000 euros en concepto de adelanto por los derechos de autor. La obra premiada se publicará por la editorial Faktoría K en torno al 21 de marzo de 2015, Día de la Poesía y, a tal efecto, se firmarán los correspondientes contratos de edición. Asimismo, la editora tendrá prioridad en la publicación de aquellos originales que hayan recibido mención especial del jurado. Este derecho tendrá vigencia durante un año, pasado el cual, los autores podrán disponer libremente de sus obras.

8. Los originales que no sean premiados no se devolverán a sus autores y se destruirán una vez comunicado el fallo del jurado.

9. Si en estas bases quedase alguna cuestión sin precisar, le corresponderá al jurado establecerla y, si no fuera así, a los organizadores del certamen. La participación en este premio implica el conocimiento y la aceptación íntegra de las presentes bases.

 Más información, aquí