Antes de saber siquiera lo que era la poesía, y mucho menos que había algo llamado poesía infantil que algunos escritores escribían pensando en los pequeños lectores, los niños españoles nacidos más o menos en la década de 1970 nos familiarizábamos sin darnos cuenta con ese género a través de una cantante muy popular entonces y hoy en día retirada de esos menesteres que la hicieron tan famosa (y dedicada a otros nada populares, por cierto). Rosa León se encargaba entonces de difundir con su voz y su guitarra canciones tradicionales infantiles o de escritoros como José Agustín Goytisolo o María Elena Walsh, autora por cierto de la conocidísima Canción de la vacuna, cuyo estribillo creo que podemos cantar todos los que fuimos a EGB. Visto hoy en día, el estilo interpretativo de Rosa León tiene quizás un punto un poco naíf que puede repeler y atraer a partes iguales, pero no se puede negar su labor difusora de la poesía infantil y su exquisito gusto al elegir joyas tan delicadas como esta Canción de bañar la luna, también de María Elena Walsh. Y, sobre todo, a Rosa León hay que reconocerle su indudable condición de icono del imaginario infantil de aquellos años, algo que, guste o no guste, consiguen muy pocas personas.
viernes, 16 de enero de 2015
Entrevista con Ana Garralón en el blog "Garabatos y Ringorrangos"
En el estupendo blog de Germán Machado, Garabatos y Ringorrangos, acaba de publicarse una entrevista de respuestas largas y reflexivas (como debe de ser) con Ana Garralón, que merece la pena leer... y en la que, afortunadamente, se no olvida además la poesía infantil.
Una literatura desclasada (reflexiones canónicas para el año nuevo)
La literatura infantil es una de tantas otredades que habitan en los márgenes del canon literario. Es ya una metáfora gastada, además de un chiste un poco facilón, afirmar que se trata de la Cenicienta de la literatura, pero no por obvia dicha metáfora deja de ser exacta y resultona. Sin embargo, esta indudable condición de cenicienta del polisistema literario (por ponernos un poco finos y teóricos) no es igual en todos los países y en todas las tradiciones literarias. Aún recuerdo con verdadera sopresa la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de Londres de 2012, durante la cual se dio protagonismo a la literatura infantil por tratarse de una de las aportaciones culturales más importantes de la cultura británica al mundo en general. Y no lo es porque los británicos no tengan un patrimonio literario pobre que tengan que compensar con la literatura infantil. Antes al contrario: su patrimonio literario es riquísimo, pero en literatura infantil pocas naciones les pueden disputar un hipotético primer puesto, porque de origen británico son muchos de las grandes obras de literatura infantil y, lo que es más importante aún, una serie de personajes que se han consolidado en nuestro imaginario colectivo, como Alicia, Peter Pan o Mary Poppins y, en épocas más recientes, Harry Potter. Otros países no concentran tanto patrimonio literario imaginario, pero al menos cuentan con una o dos obras literarias que son clásicos universales de la LIJ y que también se han cristalizado con fuerza en el imaginario colectivo internacional: es el caso de Estados Unidos, donde encontramos también grandes obras como El mago de Oz o Donde viven los monstruos; Francia, que cuenta con El Principito; Italia, que tiene a Pinocho; incluso Alemania, que cuenta con un clásico moderno de la categoría de Michael Ende, cuando, en lengua alemana (aunque de autora suiza), de añejos clásicos como Heidi.
¿Qué pasa con la literatura española? Pues que no tenemos ninguna obra literaria infanti o juvenil que se pueda comparar a los clásicos ingleses, estadounidenses, franceses, italianos o alemanes. Por no tener, ni siquiera tenemos esa obra infantil de carácter nacional que todos los niños conocen y han leído en el colegio, como pasa por ejemplo en Estados Unidos con los libros de Doctor Seuss. Así las cosas, sin clásicos a la vista (quizás dentro de poco lo sea - o quizás ya lo es - Manolito Gafotas, pero en este caso hemos topado con otro gran problema: el humor tampoco se considera bastante serio para entrar en el canon), la literatura infantil siempre está bajo sospecha, siempre está atrapada en su condición de arte menor (en el sentido peyorativo) y de manifestación de la cultura popular, lo cual, en un país donde los llamados estudios culturales siguen estando bajo sospecha y donde la academia aún se muestra reticente a la investigación sobre manifestaciones como el cómic, la televisión o el cine, es un gran problema.
Y si la literatura infantil española carece de clásicos de relumbrón y por lo tanto se ve con cierta condescendencia, ¿qué se puede decir de la poesía infantil, que además es un género siempre bajo sospecha, pues son muchos los que sostienen que poesía e infantil son dos términos absolutamente irreconciliables?
sábado, 10 de enero de 2015
Discrimación y prosmicuidad textual (reflexiones genéricas - de otro tipo - para seguir con el año)
Es curioso comprobar cómo la ya consolidada denominación LIJ ha anulado las categorías genéricas tradicionales. Buena muestra de ello es la lista de los mejores libros infantiles y juveniles publicada hace pocas semanas en Babelia, en la que se hacía solo distinción por edades y no por géneros, lo cual demuestra una vez más que en la LIJ el criterio de edad ha sustituido al de género, cuando no se mezclan ambos de manera un tanto caprichosa y nada coherente: por ejemplo, se habla de álbum como categoría equivalente de primeros lectores, cuando un álbum no tiene por qué ser necesariamente para primeros lectores; y se incluye en esa categoría libros que no lo son propiamente, como, por ejemplo, los poemas de Lorca publicados por Kalandraka, aunque estén ilustrados, olvidando que un libro ilustrado no es lo mismo que un libro-álbum. De antiguos polvos vienen nuevos lodos, y es esta una de las facetas en las que se sigue notando la tremenda influencia de la pedagogía en la literatura infantil y juvenil, pues parece imperar el criterio de idoneidad más que el de calidad, cuando no directamente se eligen libros en función de su potencial utilidad didáctica. Este cajón de satre genérico (en el sentido literario, por supuesto, y no sexual o social: es decir, de genre y no de gender, que en inglés sí existe diferencia entre dos términos que en español son homónimos) perjudica claramente a la poesía por encima de otros géneros, dado que en el mundo en que vivimos el género más leído sin lugar a dudas es la narrativa, un hecho que se agudiza en la literatura infantil en la medida en que la narrativa ha contaminado de forma irreversible los otros géneros, de manera que, como ya hemos dicho alguna vez, la poesía y el teatro son muy narrativos, y también el género argumentativo o informativo (como los llama Ana Garralón), hasta el punto de que se considera adecuado explicar ciertos conceptos, ideas o situaciones a través de una historia, creando así libros que no son propiamente relatos sino más bien desarrollos narrativos programáticos de ideas que de otra manera (y para adultos) se habrían explicado a través de un ensayo.
Esta promiscuidad genérica en las listas de lo mejor del año perjudica una vez más a la poesía, al teatro y, como denuncia Ana Garralón en su perfil de facebook, a los libros informativos, que desaparecen engullidos por el imperio de la novela infantil y juvenil. En cuanto a la poesía, de los libros elegidos por los críticos en Babelia, solo dos son de poesía, lo cual no está nada mal (muchas veces no hay ninguno), pero se trata de dos libros peculiares por razones diversas. Ambos se deben a dos poetas clásicos del siglo XX cuya fama debe tanto a su obra como al mito trágico tejido en torno a su vida, aunque este no debe ensombrecer la calidad de sus versos: Ferderico García Lorca y Sylvia Plath.
El de Lorca es es un bellísimo libro o álbum-poemario publicado por Kalandraka e ilustrado magníficamente por Gabriel Pacheco que ya nombramos clásico de la semana hace unos meses en este blog, pero cuya acertada selección y cuidadísima factura no esconde el hecho de que haya sido elegido más por las ilustraciones (que sí son novedad) que por el texto (que no lo es), y que, por lo tanto, su inclusión como obra poética sea cuando menos discutible. Es decir, no se juzga la calidad de un texto literario nuevo en el mercado, sino más bien su reedición con un formato distinto. Y, en todo caso, ¿quién puede competir con Lorca?
El caso de Plah es similar en la medida en que su delicioso y ligero poemario (sí, Plath también podía ser ligera y escribir con humor) El libro de las camas ya había sido publicado anteriormente en España en ediciones ahora descatalogadas pero aún encontrables en muchas bibliotecas públicas. Un libro en el que un clásico literario se une a un clásico de la ilustración, pues los poemas están ilustrados nada más y nada menos que por Quentin Blake, que da con su estilo particular un tono desenfadado y humorístico a los versos que se aviene muy bien con estos.
Se trata por tanto de dos joyas literarias, pero el hecho de que sen las únicas obras de poesía infantil incluidas en la lista de Babelia nos hace pensar si es que los encargados de hacer la selección no consideraron dignas de selección obras escritas por autores de hoy, si la calidad de Lorca y Plath y sus ilustradores es tan indiscutible que batían sin discusión a cualquier rival o si simplemente no conocían demasiadas obras de poesía infantil actual, cosa que nos parece dudosa.
La conclusión de todo esto es clara: si en este tipo de listas la poesía infantil compite en inferioridad de condiciones (entre otras cosas, porque la producción es menor) con la omnipotente y omnipresente narrativa, y las dos obras de poesía seleccionadas no son de nueva creación textual, tal vez no solo habría que hacer distinciones genéricas para elegir los mejores libros del año, sino también incluir un apartado especial para las reediciones con nuevas ilustraciones, o, como en los premios Tony de teatro, distinguir entre las reposiciones o las obras de nuevo cuño. Quizás así la nueva poesía publicada en español o en las lenguas peninsulares - que la hay, y es buena - competiría en igualdad de condiciones con los demás, y saldría un poco de su (para el gran público) remota y escondida madriguera.
martes, 6 de enero de 2015
El clásico de la semana es...
Como
no podía ser de otra manera en una fecha como hoy, con gran protagonismo infantil, el
clásico de la semana se centra en los Reyes Magos, pero no es uno sino tres:
otros tantos poemas de Lope de Vega, Rubén Darío y Gloria Fuertes, cada uno
distinto, cada uno representativo del estilo personal de cada uno de sus
autores. Y, aunque no es poesía, me gustaría recomendar uno de los cuentos de
tema navideño más bellos jamás escritos, El regalo
de los Reyes Magos (The Gift of the
Magi), de O. Henry, que se puede leer en español aquí y en inglés aquí.
Reyes que venís por ellas,
no busquéis estrellas ya,
porque donde el sol está
no tienen luz las estrellas.
Reyes que venís de Oriente
al Oriente del sol solo,
que más hermoso que Apolo,
sale del alba excelente.
Mirando sus luces bellas,
no sigáis la vuestra ya,
porque donde el sol está
no tienen luz las estrellas.
No busquéis la estrella ahora,
que su luz ha oscurecido
este sol recién nacido,
en esta Virgen Aurora.
Ya no hallaréis luz en ellas,
el niño os alumbra ya,
porque donde el sol está
no tienen luz las estrellas.
Aunque eclipsarse pretende,
no reparéis en su llanto,
porque nunca llueve tanto
como cuando el sol se enciende.
Aquellas lágrimas bellas,
la estrella oscurece ya,
porque donde el sol está
no tienen luz las estrellas.
no busquéis estrellas ya,
porque donde el sol está
no tienen luz las estrellas.
Reyes que venís de Oriente
al Oriente del sol solo,
que más hermoso que Apolo,
sale del alba excelente.
Mirando sus luces bellas,
no sigáis la vuestra ya,
porque donde el sol está
no tienen luz las estrellas.
No busquéis la estrella ahora,
que su luz ha oscurecido
este sol recién nacido,
en esta Virgen Aurora.
Ya no hallaréis luz en ellas,
el niño os alumbra ya,
porque donde el sol está
no tienen luz las estrellas.
Aunque eclipsarse pretende,
no reparéis en su llanto,
porque nunca llueve tanto
como cuando el sol se enciende.
Aquellas lágrimas bellas,
la estrella oscurece ya,
porque donde el sol está
no tienen luz las estrellas.
(Lope de Vega, La llegada de los Reyes Magos)
-Yo soy Gaspar. Aquí
traigo el incienso.
Vengo a decir: La vida es pura y bella.
Existe Dios. El amor es inmenso.
¡Todo lo sé por la divina Estrella!
-Yo soy Melchor. Mi mirra aroma todo.
Existe Dios. Él es la luz del día.
La blanca flor tiene sus pies en lodo.
¡Y en el placer hay la melancolía!
-Soy Baltasar. Traigo el oro. Aseguro
que existe Dios. Él es el grande y fuerte.
Todo lo sé por el lucero puro
que brilla en la diadema de la Muerte.
-Gaspar, Melchor y Baltasar, callaos.
Triunfa el amor y a su fiesta os convida.
¡Cristo resurge, hace la luz del caos
y tiene la corona de la Vida!
Vengo a decir: La vida es pura y bella.
Existe Dios. El amor es inmenso.
¡Todo lo sé por la divina Estrella!
-Yo soy Melchor. Mi mirra aroma todo.
Existe Dios. Él es la luz del día.
La blanca flor tiene sus pies en lodo.
¡Y en el placer hay la melancolía!
-Soy Baltasar. Traigo el oro. Aseguro
que existe Dios. Él es el grande y fuerte.
Todo lo sé por el lucero puro
que brilla en la diadema de la Muerte.
-Gaspar, Melchor y Baltasar, callaos.
Triunfa el amor y a su fiesta os convida.
¡Cristo resurge, hace la luz del caos
y tiene la corona de la Vida!
(Rubén Darío, Los tres Reyes Magos).
El camello se pinchó
con un cardo en el camino
y el mecánico Melchor
le dio vino.
con un cardo en el camino
y el mecánico Melchor
le dio vino.
Baltasar fue a repostar
más allá del quinto pino
e intranquilo el gran Melchor
consultaba su «Longinos».
e intranquilo el gran Melchor
consultaba su «Longinos».
—¡No llegamos,
no llegamos
y el Santo Parto ha venido!
—Son las doce y tres minutos
y tres reyes se han perdido.
no llegamos
y el Santo Parto ha venido!
—Son las doce y tres minutos
y tres reyes se han perdido.
El camello cojeando
más medio muerto que vivo
va espeluchando su felpa
entre los troncos de olivos.
más medio muerto que vivo
va espeluchando su felpa
entre los troncos de olivos.
Acercándose a Gaspar,
Melchor le dijo al oído:
—Vaya birria de camello
que en Oriente te han vendido.
Melchor le dijo al oído:
—Vaya birria de camello
que en Oriente te han vendido.
A la entrada de Belén
al camello le dio hipo.
¡Ay, qué tristeza tan grande
en su belfo y en su tipo!
al camello le dio hipo.
¡Ay, qué tristeza tan grande
en su belfo y en su tipo!
Se iba cayendo la mirra
a lo largo del camino;
Baltasar lleva los cofres,
Melchor empujaba al bicho.
a lo largo del camino;
Baltasar lleva los cofres,
Melchor empujaba al bicho.
Y a las tantas ya del alba
—ya cantaban pajarillos—
los tres reyes se quedaron
boquiabiertos e indecisos,
oyendo hablar como a un Hombre
a un Niño recién nacido.
—No quiero oro ni incienso
ni esos tesoros tan fríos,
quiero al camello, le quiero.
Le quiero —repitió el Niño.
—ya cantaban pajarillos—
los tres reyes se quedaron
boquiabiertos e indecisos,
oyendo hablar como a un Hombre
a un Niño recién nacido.
—No quiero oro ni incienso
ni esos tesoros tan fríos,
quiero al camello, le quiero.
Le quiero —repitió el Niño.
A pie vuelven los tres
reyes
cabizbajos y afligidos.
cabizbajos y afligidos.
Mientras el camello echado
le hace cosquillas al Niño.
le hace cosquillas al Niño.
(Gloria Fuertes, El camello cojito: Auto de los Reyes Magos).
domingo, 4 de enero de 2015
El clásico de la semana es...
Paisaje, un poema de Lorca presente en casi todas las antologías de poesía para niños en español, y que resulta muy adecuado para estas tardes en que por fin hemos podido ver cómo llegaba el invierno.
La tarde equivocada
se vistió de frío.
Detrás de los cristales
turbios, todos los niños
ven convertirse en pájaros
un árbol amarillo.
La tarde está tendida
a lo largo del río,
y un rubor de manzana
tiembla en los tejadillos.
viernes, 2 de enero de 2015
Lo menor de lo menor (reflexiones genéricas para comenzar el año nuevo)
En uno de los últimos números de Babelia, el crítico Manuel Rodríguez Rivero reflexionaba en su Sillón de orejas sobre el desigual reparto por sexos en las obras elegidas por los críticos de esa misma publicación como las mejores del año, muy decantadas a favor de los escritores y en general con muy escasa presencia femenina. Una reflexión que es habitual y cuyas causas siguen sin tener una respuesta clara.
A raíz de este artículo y del repaso que he realizado de mis reseñas en el blog durante todo este año para elegir a los 4 de 2014, he clasificado las obras reseñadas aquí por el sexo de su autor, y he aquí una sorpresa que quizás no lo es tanto: de las veinte obras reseñadas, catorce han sido escritas o antologadas por mujeres; de las cuatro obras seleccionadas como las mejores o más significativas de 2014, tres han sido escritas o elaboradas por mujeres (la de Mar Benegas es una antología, pero la responsabilidad es suya), y, si contamos los dos accésits, la mayoría femenina sigue siendo aplastante y abrumadora (dicho sea con dos tópicos nada poéticos).
Una distribución como esta invita por supuesto a la reflexión de la misma manera que el resultado de las votaciones de Babelia animaron al crítico Rodíguez Rivero a dedicar a este asunto de la paridad su columna semanal, sobre todo porque yo nunca he tenido en cuenta ese criterio para seleccionar las obras que reseño en este blog, y por lo tanto el resultado puese ser considerado fruto del azar o de la conjunción de una serie de factores diversos, como la publicación de novedades, la concesión de premios, los envíos de editoriales, mi propio olftato y mi curiosidad, así como mi gusto personal. Pero tal mayoría femenina creo que no debe ser fruto de la casualidad, sino que debe de reflejar alguna tendencia dominante dentro de la poesía infantil española (y no solo española) de estos años: me parece que la poesía infantil es en general una actividad mayoritariamente femenina, en la que publican más mujeres y destacan más mujeres, como se deduce, por ejemplo, de los últimos premios concedidos en nuestro país. Solo así se explica que en mi selección completamente aleatoria de este año destaquen tanto las mujeres.
Esta preponderancia es sin duda, como tantas otras cosas en la vida y en la vida literaria, una cuestión de género y no de sexo, es decir, de todas aquelas características culturales (y no naturales) ligadas por convención y repetición (y performatividad, que diría Judith Butler) a cada uno de los sexos. Escribir para niños ha sido considerado propio de mujeres (y con ese propio quiero indicar dos cosas: por un lado, que se consideraba adecuado, y, por otra, que se veía natural), quizás porque se veía como una prolongación natural de su propia función de cuidadoras, y porque siendo como era y como es aún la LIJ un género considerado menor, para la hegemonía masculina, para los grandes autores que se dedicaban a la gran literatura destinada a los lectores grandes y por tanto a los grandes lectores, el triunfo de una escritora en el terreno de una literatura menor destinada a lectores menores no suponía competencia alguna. De ahí que haya ejemplos claros de mujeres que triunfaron en la LIJ cuando no las había en los géneros mayores. Lo mismo pasa con el triunfo de las mujeres en subgéneros considerados de segunda categoría, como la novela negra o la literatura romántica: a las mujeres, al fin y al cabo, se les ha dejado tradicionalmente acceder a la literatura vista como menor, a la subliteratura, y la LIJ es aún considerada una parte de ella.
Esta preponderancia es sin duda, como tantas otras cosas en la vida y en la vida literaria, una cuestión de género y no de sexo, es decir, de todas aquelas características culturales (y no naturales) ligadas por convención y repetición (y performatividad, que diría Judith Butler) a cada uno de los sexos. Escribir para niños ha sido considerado propio de mujeres (y con ese propio quiero indicar dos cosas: por un lado, que se consideraba adecuado, y, por otra, que se veía natural), quizás porque se veía como una prolongación natural de su propia función de cuidadoras, y porque siendo como era y como es aún la LIJ un género considerado menor, para la hegemonía masculina, para los grandes autores que se dedicaban a la gran literatura destinada a los lectores grandes y por tanto a los grandes lectores, el triunfo de una escritora en el terreno de una literatura menor destinada a lectores menores no suponía competencia alguna. De ahí que haya ejemplos claros de mujeres que triunfaron en la LIJ cuando no las había en los géneros mayores. Lo mismo pasa con el triunfo de las mujeres en subgéneros considerados de segunda categoría, como la novela negra o la literatura romántica: a las mujeres, al fin y al cabo, se les ha dejado tradicionalmente acceder a la literatura vista como menor, a la subliteratura, y la LIJ es aún considerada una parte de ella.
La conclusión, pues, es bastante clara: la LIJ ya es una especie de arrabal pintoresco de la LITERATURA con mayúsculas (de ahí que todo el mundo te diga algo así como "qué bonito" cuando dices que enseñas y escribes literatura para niños, sin pensar que esta no debe ser bonita sino buena, porque es la base formativa de futuros buenos lectores, cosa paradójica, porque luego quienes se quejan de que los alumnos llegan muy mal formados como lectores a la enseñanza media y superior son los que más desprecian la LIJ desde sus atalayas docentes de institutos y universidades), y por lo tanto no importa que las mujeres monopolicen el pastel porque al fin y al cabo en la LITERATURA esa parcela no importa demasiado ni cuenta para el CANON; pero la poesía infantil es el arrabal pintoresco de la LIJ, un terreno silenciado doblemente: porque la poesía ya es en sí mismo un género menor en cuanto a difusión y popularidad, y porque la LIJ también lo es. La poesía infantil es por tanto el género menor al cuadrado, lo menor de lo menor, y por eso no importa demasiado que las mujeres sean las que cuiden de él, como hacen lo mismo con los niños en edades tempranas, ya que sigue habiendo más maestras que maestros: las cosas importantes se dejan para ellos. Pero se olvida al final algo muy importante: los buenos lectores no se forman leyendo el Quijote o los cantos de Ezra Pound en las aulas de infantil, sino dando a esos lectores textos literarios adecuados para su edad sin rebajar por ello el nivel de ambición y pretensión literaria. Hasta que no nos tomemos en serio y valoremos la importancia formativa de esos años, no habrá buenos lectores ni personas realmente formadas. Ya no es, pues, una cuestión de poesía: es una cuestión de formación integral y perspectiva de futuro. Y en ello, la poesía, como la literatura, tiene una función, desde luego.
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